PRECIOS JUSTOS | Supermercados acusan a alimenticias de aplicar subidas por encima del tope y alertan por desabastecimiento

Los supermercados acusaron a las empresas productoras de alimentos de aumentar los precios en un 20% a 40%, lo que va en contra del programa de Precios Justos.
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El ministro de Economía, Sergio Massa, presentó en febrero la nueva etapa del plan de Precios Justos, que busca establecer un límite a la subida de precios de los productos de primera necesidad.

En este sentido, desde el área económica se anunció que los productos que forman parte del acuerdo tendrán un tope de subida mensual del 3,2%, inferior al antecesor que era del 4% cada treinta días.

Precios Justos incluye 2.000 productos de consumo masivo que deberían permanecer congelados, y otros 49.832 artículos de hasta 15 sectores, entre ellos alimentos, higiene, limpieza, combustible e indumentaria.

Sin embargo, los supermercados han denunciado que las empresas productoras de alimentos están aplicando subidas en los productos que van del 20% al 45%, muy por encima de lo establecido por el gobierno en el acuerdo de precios de productos de consumo masivo.

La Asociación de Supermercados Unidos (ASU), que incluye a Coto, Cencosud, Carrefour y Chango Más, entre otros, ha reconocido que estos aumentos existen y son rechazados por el sector.

Juan Vasco Martínez, director ejecutivo de ASU, afirmó que “nuestro sector rechaza los listados que llegan por encima de la pauta del 3,2%” y también señaló que esto genera tensiones en el abastecimiento de productos a los supermercados. “Recibimos en general mucha menos mercadería de la que podríamos vender”, agregó Martínez.

Además, el director ejecutivo de ASU detalló que “no solo se trata de listas, sino también de cambios en los plazos de pago, descuentos por volumen y promociones, que se van eliminando y que suponen un incremento encubierto”.

Por su parte, el directivo de ASU defendió el cumplimiento del acuerdo, tanto en el segmento de precios fijos como en el de sendero, y afirmó que el cumplimiento fue del 98,8%. En cuanto a los precios por fuera del acuerdo, el promedio de cadenas da un 3,1%, es decir, por debajo del techo del 3,2%, y en alimentos algunas cadenas están aún más abajo.

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Despidos y decenas de proveedores en la ruina: luego de 60 años, Knorr cierra su fábrica en Mendoza

El cese de operaciones de la planta de Unilever en Rodeo de la Cruz, dedicada al deshidratado de vegetales para los caldos y sopas Knorr, marca la bajada de persiana de un establecimiento con más de seis décadas de trayectoria en la provincia de Mendoza. La medida dejó en la calle de forma inmediata a sus 60 trabajadores directos, quienes recibieron sus indemnizaciones en el marco del cierre total de la instalación industrial.

La paralización del complejo fabril generó un daño colateral directo sobre la red de abastecimiento agrícola en Mendoza y San Juan. Decenas de productores contratados, que adaptaron durante décadas sus superficies cultivables y esquemas tecnológicos para proveer de forma exclusiva a la firma, perdieron a su único comprador en la región, lo que provocó una parálisis en la cadena hortícola dedicada a la deshidratación masiva.

Las razones corporativas del cierre

Mediante un comunicado oficial, la empresa justificó la decisión en una transformación estructural del mercado, argumentando que las sopas secas en sobre sufrieron un declive sostenido en la demanda por tratarse de un consumo fuertemente estacional ligado a los meses fríos. A este factor sumaron el peso de los costos fijos de infraestructura que requería mantener operativa la planta durante todo el año para abastecer un volumen en retroceso.

En ese marco, la estrategia global de la compañía se orientó a volcar su portafolio hacia alimentos de consumo continuo como pastas, risottos y ramen. Para sostener ese esquema, Unilever abandonó el procesamiento agrícola propio en Guaymallén y resolvió migrar hacia un modelo de compras a proveedores externos e importación de materias primas, concentrando la etapa final de empaque en su complejo industrial de Pilar.

El espejo nacional

El desmantelamiento de la planta mendocina se inserta en una dinámica nacional signada por la retracción del entramado productivo. Desde el inicio del ciclo económico actual se registró la baja neta de más de 26.400 empresas empleadoras, a razón de 30 cierres diarios, mientras que la tasa de desempleo del INDEC trepó del 5,7% inicial al 7,8% actual.

Este escenario responde a una apertura de importaciones que avanzó sin una equivalente desregulación ni baja de la presión tributaria para los productores nacionales. La política oficial plasmada en la premisa de que deben cerrar los actores que “no puedan competir” —según expresó recientemente el Presidente— colisionó con la realidad de un mercado interno golpeado, donde la competencia internacional se dio en condiciones de asimetría para la industria local.

Lejos de una simplificación tributaria, la carga sobre el sector privado se mantuvo en niveles asfixiantes. Según los datos proyectados en el Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, la presión tributaria consolidada registró un incremento del 0,47% del PBI entre 2025 y 2026, lo que para la caja fiscal representó un aumento de casi 30.000 millones de dólares en concepto de impuestos que continuó erosionando la competitividad de las plantas instaladas en el país.

A la desventaja impositiva se sumó la pérdida de competitividad exportadora frente a filiales extranjeras por los altos costos operativos internos y una caída generalizada del consumo golpeado por la pérdida del poder adquisitivo.

El contexto se alinea con la percepción de la opinión pública expresado en una encuesta reciente, donde el 59% calificó la economía como negativa, frente a un 18% que la ve neutra y un 22% que la considera positiva. De esta forma, con la falta de trabajo superando a la inflación como principal preocupación social, el caso Guaymallén expone cómo la reconversión corporativa se combina con un contexto de pérdida acelerada del empleo.

*Por Augusto Grinner

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