Combustibles aumentarán 6% este fin de semana

Se espera que el resto de las empresas del sector apliquen aumentos similares, como ya viene ocurriendo desde hace meses.
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YPF confirmó este jueves que este fin de semana los combustibles subirán un 6% en promedio en todo el país, siendo este el tercer tramo de los aumentos escalonados, y el último del año, que habían sido anunciados por la empresa en marzo, según reiteró Pablo González, presidente de la petrolera. Se espera que el resto de las empresas del sector apliquen aumentos similares, como ya viene ocurriendo desde hace meses.

En marzo la petrolera de bandera había anticipado que este año llevaría a cabo un ajuste escalonado de un 15% durante tres meses para financiar inversiones. El primer aumento de un 7% promedio se aplicó el 16 de marzo y el segundo, de un 6%, tuvo lugar en abril, siendo más altos en la ciudad de Buenos Aires y más bajos en el interior del país.

Como consecuencia del aumento del mes pasado, los precios en CABA se habían elevado a $85,70 para el litro de nafta super, $99,30 para el litro de nafta premium, $80,50 para el diesel y $95 para el diesel premium.

Aunque aún no fue confirmada la información, en esta ocasión, los precios podrían ubicarse en $90,84 para la nafta super, $105,25 la nafta premium, $85,33 el gasoil y $100,70 el gasoil premium.

Este jueves por la mañana, Pablo González expresó que este año la “nafta va a aumentar menos que la inflación”, basándose en la previsión de inflación que está incluida en la Ley de Presupuesto 2021, del 29%. “Va a aumentar 28,1% sin importar si la inflación es mayor al 29%”, agregó.

Según González, el aumento de este mes sería el último del año. “Nosotros hemos ido analizando durante estos dos meses en los que estoy yo en la gestión y siguiendo un trabajo que ya se venía haciendo tratando de equilibrar el precio en surtidor que paga la gente, que tiene un componente bastante complejo de determinar, con el plan de inversiones que Argentina necesita para poner en valor y poder empezar recuperarnos en materia de producción de gas y petróleo”, señaló en diálogo con Radio 10.

“El petróleo es un commodity, el precio es internacional. En el caso del petróleo el barril estaba cotizando en un nivel de USD 69 dólares. Si nosotros trasladáramos ese nivel de precio al surtidor hoy la gente estaría pagando $130 el litro de nafta”, sentenció.

“Con lo cual hubo que equilibrar y buscar darle previsibilidad al sector, acompañar la política energética del Gobierno Nacional, pedirle a la gente un esfuerzo pero garantizarle que estos aumentos que se fueron dando son los últimos del año, pero además le estamos garantizando que gracias a esto vamos a poder invertir lo que YPF necesita para producir gas y petróleo e impedir que se importe combustible”, comentó.

– Especial para Data24.com.ar –


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Despidos y decenas de proveedores en la ruina: luego de 60 años, Knorr cierra su fábrica en Mendoza

El cese de operaciones de la planta de Unilever en Rodeo de la Cruz, dedicada al deshidratado de vegetales para los caldos y sopas Knorr, marca la bajada de persiana de un establecimiento con más de seis décadas de trayectoria en la provincia de Mendoza. La medida dejó en la calle de forma inmediata a sus 60 trabajadores directos, quienes recibieron sus indemnizaciones en el marco del cierre total de la instalación industrial.

La paralización del complejo fabril generó un daño colateral directo sobre la red de abastecimiento agrícola en Mendoza y San Juan. Decenas de productores contratados, que adaptaron durante décadas sus superficies cultivables y esquemas tecnológicos para proveer de forma exclusiva a la firma, perdieron a su único comprador en la región, lo que provocó una parálisis en la cadena hortícola dedicada a la deshidratación masiva.

Las razones corporativas del cierre

Mediante un comunicado oficial, la empresa justificó la decisión en una transformación estructural del mercado, argumentando que las sopas secas en sobre sufrieron un declive sostenido en la demanda por tratarse de un consumo fuertemente estacional ligado a los meses fríos. A este factor sumaron el peso de los costos fijos de infraestructura que requería mantener operativa la planta durante todo el año para abastecer un volumen en retroceso.

En ese marco, la estrategia global de la compañía se orientó a volcar su portafolio hacia alimentos de consumo continuo como pastas, risottos y ramen. Para sostener ese esquema, Unilever abandonó el procesamiento agrícola propio en Guaymallén y resolvió migrar hacia un modelo de compras a proveedores externos e importación de materias primas, concentrando la etapa final de empaque en su complejo industrial de Pilar.

El espejo nacional

El desmantelamiento de la planta mendocina se inserta en una dinámica nacional signada por la retracción del entramado productivo. Desde el inicio del ciclo económico actual se registró la baja neta de más de 26.400 empresas empleadoras, a razón de 30 cierres diarios, mientras que la tasa de desempleo del INDEC trepó del 5,7% inicial al 7,8% actual.

Este escenario responde a una apertura de importaciones que avanzó sin una equivalente desregulación ni baja de la presión tributaria para los productores nacionales. La política oficial plasmada en la premisa de que deben cerrar los actores que “no puedan competir” —según expresó recientemente el Presidente— colisionó con la realidad de un mercado interno golpeado, donde la competencia internacional se dio en condiciones de asimetría para la industria local.

Lejos de una simplificación tributaria, la carga sobre el sector privado se mantuvo en niveles asfixiantes. Según los datos proyectados en el Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, la presión tributaria consolidada registró un incremento del 0,47% del PBI entre 2025 y 2026, lo que para la caja fiscal representó un aumento de casi 30.000 millones de dólares en concepto de impuestos que continuó erosionando la competitividad de las plantas instaladas en el país.

A la desventaja impositiva se sumó la pérdida de competitividad exportadora frente a filiales extranjeras por los altos costos operativos internos y una caída generalizada del consumo golpeado por la pérdida del poder adquisitivo.

El contexto se alinea con la percepción de la opinión pública expresado en una encuesta reciente, donde el 59% calificó la economía como negativa, frente a un 18% que la ve neutra y un 22% que la considera positiva. De esta forma, con la falta de trabajo superando a la inflación como principal preocupación social, el caso Guaymallén expone cómo la reconversión corporativa se combina con un contexto de pérdida acelerada del empleo.

*Por Augusto Grinner

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