El día que Magdalena Guiñazú se enfrentó a Víctor Hugo Morales y lo acusó de ensobrado

Uno de los cruces de la icónica conductora radial inundó las redes: "No digas que el Gobierno no interviene...".
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Este miércoles la radio estuvo de luto ante el sorpresivo fallecimiento de Magdalena Guiñazú. Este triste suceso paralizó los medios y a los colegas periodistas que no tardaron en colmar las redes de mensajes afectuosos destacando la extensa trayectoria de Magdalena.

En ese sentido, también hubo quienes citaron anécdotas junto a la periodista, fue allí que un fuerte cruce que tuvo lugar hace 11 años salió a la luz nuevamente. El intercambio en cuestión se efectuó en el marco de una serie de entrevistas a los candidatos presidenciales de las elecciones 2021 en Radio Continental.

“Estás en tu derecho de defender tus ideas, pero no vengas a decir que el Gobierno no interviene”

En aquel entonces, los conductores eran Magdalena Ruiz Guiñazú y Víctor Hugo Morales -quien ya había iniciado su controversial programa “Bajada de línea”-. Cansada por los insistentes comentarios favorables para con el kirchnerismo de Víctor Hugo, la periodista lanzó una tajante acusación.

-“Una pregunta inocente Víctor Hugo, ¿Cómo se llama tu programa en canal 9?”

A lo que Morales respondió: “Bajada de línea”

PARTE 1 – Alfonsín, Víctor Hugo y Magdalena Ruiz Guiñazú sobre medios

Entrevista realizada en Radio Continental de Buenos aires al candidato presidencial Ricardo Alfonsín por parte de Magdalena Ruiz Guñazú y Víctor Hugo Morales. Discusión sobre medios y política. PARTE 1

Así comenzó un tenso cruce del que ninguno de los periodistas quiso escapar. Si bien Morales insistió en que su programa se llama así porque él baja la línea, no que se la bajan a él, la periodista remarcó: “Cualquiera que ve tu programa en Canal 9 o te escucha en Radio Continental, sabe que defendés… y estás en tu derecho de defender tus ideas, pero no vengas a decir que el Gobierno no interviene. Vamos a las preguntas de los oyentes…”, intentó continuar con la modalidad del programa, pero Víctor Hugo la interrumpió.

“De ninguna manera va a haber preguntas aquí si vos querés sostener que a mí alguien me baja línea en mi programa de televisión porque se llame Bajada de línea. ¿Vos pensás que a mí me bajan línea, Magdalena?”

Guiñazú: “Yo creo que sí”

Morales: “¿Quién del Gobierno?”

Guiñazú: “No sé quien, pero ciertamente el Gobierno. Vos lo defendés permanentemente. Además, vos aquí calificaste a la prensa en general y a los colegas diciendo que son un montón de mierda

Morales: “Jamás diría una palabra así, yo no digo eso por radio”

Guiñazú: “Sí, y me la aplicaste a mí también”

Morales: “No sabía… pero ¿cuándo? ¿Tenés una grabación de semejante acusación?”

Guiñazú: “No acostumbro usar los espionajes que hacen otros, no tengo la grabación, estábamos acá todos en el estudio”, cerró la conductora antes que llegara el invitado.

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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