Los fallos históricos de “Argentina 1985”: lo que no te cuentan

Los errores que contiene la película que trata el famoso Juicio a las Juntas. Lo que se dijo y lo que no.
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El diputado Fernando Iglesias de la coalición “Juntos por el Cambio” publicó para el medio La Nación una nota de opinión sobre la nueva producción cinematográfica de Santiago Mitre y Ricardo Darín: Argentina 1985. Sin embargo, como él mismo menciona en su nota con un toque humorístico, no se trata de una opinión sobre la producción si no sobre el contenido histórico de la película. “Pero esto no es una crítica cinematográfica. Ojalá que la película gane el Oscar, le hagan una estatua a Darín y los argentinos festejemos en el Obelisco”, escribe irónicamente el diputado en ejercicio.

Juan Domingo Perón hablando sobre las juventudes.

Una de las primeras cuestiones de las cuales hace mención Iglesias es el hecho de que fue Perón quien incentivó a la “juventud maravillosa” y sus “organizaciones especiales” como principal detonante de la violencia política de los años setenta. Además dice: “Colaboración de la burocracia sindical peronista en la represión ilegal a las comisiones obreras de Izquierda. Asesinatos y primeras desapariciones, con más de mil muertos bajo gobiernos peronistas reconocidos en el Nunca Más”.

A su vez, otra cosa, no menor, no mencionada durante la película es que el peronismo se negó a integrar la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) y también a ejercer el juicio a las Juntas Militares. Luego, durante el gobierno peronista de Menem, se indultó a los responsables por lo acontecido durante la dictadura. “Hechos claves que la película oculta. Y apenas cuatro años después del fallo, el peronismo indultó a los culpables, lo que tampoco se menciona” afirma Iglesias.

Fernando A. Iglesias on Twitter: “El producto final no está “inspirado en hechos históricos” sino que es una obra de ciencia-ficción. Si le hubieran puesto Narnia, 1985 y los protagonistas hubiesen sido marcianos con antenitas verdes habría sido más honesta.Narnia, 1985 https://t.co/yPRrj1I8bJ vía @LANACION / Twitter”

El producto final no está “inspirado en hechos históricos” sino que es una obra de ciencia-ficción. Si le hubieran puesto Narnia, 1985 y los protagonistas hubiesen sido marcianos con antenitas verdes habría sido más honesta.Narnia, 1985 https://t.co/yPRrj1I8bJ vía @LANACION

 Por todos estos fallos es que Iglesias tituló su nota como “Narnia, 1985” y declaró: “Así, en Argentina, 1985, la Conadep que los peronistas no quisieron integrar y el informe Nunca Más que vandalizaron han desaparecido, junto con la lucha contra el pacto sindical-militar proclamada por Alfonsín de la que el Juicio era parte”. A su vez, explica como esta narrativa sigue promoviendo al peronismo como único representante de la Patria y del pueblo y que tan lejos está la película de cerrar la grieta al omitir importante información sobre lo sucedido.

Afirma en esta nota que la película “esquiva todos los temas molestos a la construcción peronistamente-correcta de la nueva Historia oficial” y no es a partidaria, si no que su guión es en verdad el relato kirchnerista de los derechos humanos y en base a esto la cataloga, no como una película histórica, si no como una perteneciente al género de la ciencia-ficción. “Si le hubieran puesto Narnia, 1985 y los protagonistas hubiesen sido marcianos con antenitas verdes que hablan en portugués habría sido más honesta” escribió el diputado.  

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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