Denuncian un acuerdo de los Kirchner con Verbitsky para el nombramiento de 50 fiscales y jueces

Lo cuenta el libro “El Pacto”, escrito por abogados y presentado este jueves.
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La Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, que reúne a más de 400 abogados de la Capital Federal, presentó este jueves el libro “El Pacto”, que cuenta cómo el presidente del CELS Horacio Verbitsky negoció supuestamente la designación de decenas de jueces, fiscales y empleados judiciales clave con los ex presidentes Néstor y Cristina Kirchner.

Según los autores, el libro contiene “la historia del acuerdo Kirchner-Verbitsky destinado a dominar el Poder Judicial con el propósito de someterlo a un proyecto político que consagrase la impunidad y sirviese como herramienta de persecución a opositores”.

El libro, que puede descargarse gratuitamente de la página www.elpacto.com.ar, fue escrito por los abogados Gerardo Palacios Hardy, Ricardo Saint Jean y María Laura Olea.

“Verbitsky y el kirchnerismo, a través del CELS y de la agrupación política Justicia Legítima, vieron claro por dónde pasaría el poder de la Justicia Penal. De ahí que durante la gestión de la Dra. Alejandra Gils Carbó ocuparan dicho ministerio público nombrando 1.500 nuevos empleados, creando ilegalmente cargos y designando o ascendiendo a más de 50 miembros de esas dos organizaciones como magistrados fiscales en lugares claves para garantizar la impunidad de los acusados por corrupción, así como dando impulso a causas contra los opositores políticos”, sostiene el libro.

Más adelante, asegura que “la designación de Alejandra Gils Carbó como procuradora general de la Nación fue impulsada personalmente por Cristina Kirchner. Verbitsky, por su lado, hizo nombrar en este organismo clave a varios de los principales abogados del CELS, consolidando la toma del Ministerio Público Fiscal por parte de la militancia de esa organización y de Justicia Legítima”. Afirma que en el 2003, Kirchner “se comprometió a trabajar por la reapertura de los juicios -solo a los militares- por los hechos ocurridos en los ’70. Y le concedió a Verbitsky, el CELS y las organizaciones bajo su influencia, el diseño y manejo de una política de derechos humanos que significaría, en pocos años, un profundo cambio cultural y que transformaría tanto la política de seguridad y de defensa, como la gestión del servicio de justicia”.

Ese pacto comenzó con el pedido de renuncia de los jueces de la Corte Suprema de Justicia que había nombrado Carlos Menem para lograr “una mayoría que asegurara los objetivos fijados, siguió con la embestida contra los miembros de la Cámara Federal de Casación Penal y avanzó sobre el Consejo de la Magistratura, para lanzarse finalmente al copamiento del Ministerio Público Fiscal por parte de miembros del CELS y de Justicia Legítima”.

A instancias del ex periodista y asesor informal de Cristina Kirchner, “se nombraron en el ministerio público fiscal a Víctor Abramovich y Carolina Varsky, así como a Pablo Parenti, José Alberto Nebbia, Miguel Ángel Palazzani y Pablo Camuña”

El Plan “se encuentra hoy en su última etapa”. La reforma de la Justicia propuesta por el presidente Alberto Fernández el 29 de julio pasado “esconde una maniobra de ilusionismo tan común como exitosa en la política kirchnerista: la reforma propone la creación de nuevos juzgados, poniendo el foco en la calidad y número de los jueces, cuando en realidad el plan de impunidad y persecución de opositores no pasa por allí, sino que está ya en manos de fiscales -y lo estará más contundentemente en breve-, los cuales vienen ejecutándolo exitosamente con actos concretos en cumplimiento del pacto y en violación de sus funciones”.

*Fuente: Periódico Tribuna de Periodistas


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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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