A 210 años del nacimiento de Juan Bautista Alberdi: “Nuestro pueblo no carece de pan sino de educación”

Fue político, economista, embajador, músico, autor de textos claves y uno de los responsables de la Constitución de 1853.
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10 Years Experiences

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*Por: Adrián Pignatelli

Nació en el año de la Patria, el 29 de agosto de 1810 en San Miguel de Tucumán, en una casa justo frente a la plaza principal. En el solar que ocupaba, hoy sólo queda una placa, ya que la vivienda con el correr de los años tuvo usos disímiles hasta que se demolió.

Su madre, Josefa Rosa de Aráoz de Valderrama, una mujer alta, delgada, rubia, nunca pudo recuperarse del parto y falleció meses más tarde. Lo crió su padre, Salvador Alberdi, un vizcaíno amigo de Manuel Belgrano.

Salvador se dedicaba al comercio y fallecería cuando Juan Bautista tenía 11 años. Era de contextura baja, debilucho y sus cuatro hermanos siempre estuvieron pendientes de él.

Gracias a una beca, ingresó en 1824 en el Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires. Pero el joven Alberdi, al cuidado de su hermano y tutor Felipe, pidió abandonarlo por los atajos pedagógicos de enseñanza, basados en los castigos corporales y los encierros. El rector había evaluado que Juan Bautista tenía una especial aversión por los estudios y que solo le atraía la música.

Lo emplearon como dependiente en la tienda de Moldes, viejo amigo de su padre. En sus momentos libres, era visto con un libro –el ensayo histórico Las ruinas de Palmira, del Conde de Volney fue el primero que cayó en sus manos y de ahí Jean-Jacques Rousseau y demás pensadores- y también se daba tiempo para estudiar música y componer. Solía usar el piano de Mariquita Sánchez de Thompson, aquel donde se ejecutó por primera vez el Himno, ya que por un tiempo vivió en una habitación de su casa que ella le alquilaba.

En una oportunidad que cayó enfermo, una de sus tías le prohibió tomar los medicamentos prescriptos. Le aconsejó dejar los libros, que tomase aire y que fuera a los salones de baile. “Ese fue el origen de mi vida frívola en Buenos Aires”, dejaría escrito.

Si bien en 1831 ingresó a la Universidad de Buenos Aires a estudiar Leyes, no soportó el espeso clima que se vivía en la ciudad por el rosismo. Intentó continuarlos en la Universidad Nacional de Córdoba.

Pudo tener un sorprendente padrino cuando, con una carta de recomendación, se presentó ante Facundo Quiroga, que vivía entonces en Buenos Aires. Alberdi deseaba progresar en la ciudad, pero el riojano lo animó a continuar sus estudios en Estados Unidos, que él se haría cargo de los gastos. Ya con las valijas hechas, casi con un pie en el muelle, el joven tucumano se echó atrás.

EL SALÓN LITERARIO

No era Buenos Aires la adecuada para mentes como la de Alberdi. Ya pertenecía a un grupo de intelectuales como lo eran Juan María Gutiérrez, Marcos Sastre, Vicente Fidel López, Esteban Echeverría y Miguel Cané, entre tantos otros, los que fundarían el Salón Literario.

Lo que en un comienzo fueron charlas relacionadas al arte, la literatura y la música rápidamente se volcó hacia cuestiones más políticas y más peligrosas para discutir bajo la mirada rosista, que todo lo percibía. Como así lo entendieron, fue en la clandestinidad que formaron la Asociación de la Joven Generación Argentina, que le haría erizar los cabellos al federal menos fanático.

Abogaban por las ideas liberales, volver a los ideales de Mayo, terminar con la dicotomía entre unitarios y federales y establecer un gobierno constitucional. Nacía la Generación del 37.

Sin embargo, sus primeros trabajos fueron sobre música, entre los que se destacan El espíritu de la música y Ensayo sobre un método nuevo para aprender a tocar el piano con la mayor facilidad. El obispo de Tucumán lo describiría como “joven de modales finos, de talento soberano, el Rossini tucumano”.

En 1838 Alberdi se exilió en Uruguay y a través de sus notas periodísticas criticaba a Juan Manuel de Rosas. “Me expatrié voluntariamente por no tolerar la tiranía”. No tenía su título universitario por negarse a prestar juramento de fidelidad a Rosas. Terminaría recibiéndose en el país oriental.

Había dejado ya los mensajes velados que, ingeniosamente, colaba en La Moda, una publicación semanal dedicada a la música, la poesía, la literatura, que editó por algún tiempo en 1837, y donde sus notas las firmaba como “Figarillo”, ya que era un admirador de Fígaro, el famoso personaje de ficción.

LAS BASES

En 1842 publicó El gigante Amapolas y sus formidables enemigos, o sea fastos dramáticos de una guerra memorable, una obra de teatro satírica, que criticaba tanto a federales y a unitarios y que le reclamaba a los políticos no saber cómo derrotar a Rosas. Pudo abandonar la ciudad sitiada de Montevideo y en 1843 viajó a Europa.

Tuvo dos encuentros con el general José de San Martín, a quien encontró lúcido y vital. Ese año se estableció en Chile, donde ejerció como abogado y escribía artículos para los diarios. En la nación trasandina escribió la Memoria sobre la conveniencia y objetos de un Congreso General Americano, que debería ocuparse de fijar los límites de los países del continente.

Alberdi entendió que la caída de Rosas en febrero de 1852 debía ser el inicio de la reorganización nacional y que se debía recuperar el tiempo perdido. En mayo editó Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina. En una de sus cartas, diría que “las Bases son un escrito ligero, hecho en 20 días de ocio en el feriado”.

El trabajo fue recibido por Justo José de Urquiza como caído del cielo. Las Bases harían honor a su nombre, y parte de su contenido servirían para elaborar la Constitución de 1853. En julio, editó una segunda edición, en la que incluyó un proyecto de Constitución.

“Gobernar es poblar”, insistía. “El tipo de nuestro hombre sudamericano debe ser el hombre formado para vencer al grande y agobiante enemigo de nuestro progreso: el desierto, el atraso material, la naturaleza bruta y primitiva de nuestro continente”.

POLÉMICA CON SARMIENTO

Mantuvo una feroz polémica con Domingo Faustino Sarmiento. Había alabado el trabajo de Alberdi, pero había puesto el grito en el cielo al ser desoído por Urquiza quien, según aquel, no había desarmado el aparato rosista, mantenía a algunos viejos funcionarios del régimen depuesto y se entendía con los caudillos federales del interior.

Cuando el sanjuanino volvió a exiliarse en Chile, acusó a Alberdi de ser un agente de Urquiza. En realidad, Alberdi consideró que el Sarmiento atacaba injustamente a Urquiza en el libro La Campaña del Ejército Grande.

Desde el poblado chileno de Quillota escribió un folleto titulado Cartas sobre la prensa y la política militante en la República Argentina, en el que criticaba duramente el libro de Sarmiento. Pasaría a la historia como Cartas quillotanas.

El sanjuanino, enfurecido, le respondió con cinco folletos que llamó Las ciento y una y nuevamente el tucumano contraatacaría con Complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República Argentina. Se dijeron de todo.

En un profundo debate sobre el rol de la prensa, Alberdi le marcó a Sarmiento los errores en los que había incurrido; éste fue más vehemente llamándolo, por ejemplo, “perro de todas las bodas en política”, “tonto estúpido”, “alma y cara de conejo”.

“NUESTRO PUEBLO CARECE DE EDUCACIÓN”

Otra de las obras claves fue el Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina y de la integridad argentina bajo todos los gobiernos, en el que defiende el nacionalismo económico, fustiga los impuestos confiscatorios y llama “malversación” a los gastos excesivos del gobierno.

Escribía que “nuestras capitales ociosas eran escuelas de vagancia, de donde salían, para desparramarse en el resto del territorio, los que se habían educado entre las fiestas, el juego y la disipación, en que vivían envueltos los virreyes, corruptores por sistema de gobierno. Nuestro pueblo no carece de pan, sino de educación, pues aquí tenemos un pauperismo mental. Nuestro pueblo argentino muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos en el arte de enriquecer”.

RECONOCIMIENTO DE ESPAÑA

Fue nombrado, en 1855, encargado de negocios de la Confederación Argentina ante Francia, Gran Bretaña, España y la Santa Sede. En octubre de 1857, en Inglaterra, tuvo un encuentro con Juan Manuel de Rosas, quien le manifestó que lo que poseía para vivir se lo debía a Urquiza. Le sorprendió que hablase inglés, dice que lo hacía mal, pero sin detenerse.

El 29 de abril de 1858 lograría el reconocimiento de España de la Confederación y firmaría dos tratados sobre comercio y navegación.

Escribiría que “por el primero, España renuncia al territorio de la República Argentina que fue colonia; por el segundo, lo recupera como mercado libre”.

Su suerte cambió cuando Urquiza fue derrotado en Pavón, y Bartolomé Mitre lo despojó de su cargo y los años de sueldos que le adeudaban quedaron en el limbo eterno. Su único ingreso fue un alquiler de una propiedad que poseía en Chile.

Cuando estalló la guerra de la Triple Alianza, fue un férreo defensor del Paraguay. Algunos creyeron que su libro El Crimen de la Guerra, de 1870, fue un alegato contra este conflicto bélico, aunque se refería a las guerras en Europa.

ÚLTIMOS AÑOS

Regresó a Buenos Aires en 1879 cuando obtuvo una candidatura a diputado nacional. Fue vicepresidente del cuerpo. Cuando la Facultad de Derecho lo homenajeó en mayo de 1880, afirmó que “la omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual”. Sus Obras completas serían editadas a instancias del presidente Julio A. Roca.

Cansado y solo, hizo las valijas y nuevamente se radicó en Francia. Débil y enfermo, fue internado. Aún conservaba gran parte de su pelo lacio, ya canoso. Moriría cerca de París el 19 de junio de 1884.

El presidente Miguel Juárez Celman dispuso la repatriación de sus restos en 1889, que llegaron a bordo del vapor Azopardo. Fue depositado en el cementerio de la Recoleta, aunque hace algunos años sus cenizas descansan en la casa de gobierno de Tucumán, su tierra natal. Está en su Patria, que para él “es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y con su nombre”.

*Fuente: Infobae


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BlackRock admitió que la agenda woke fue un “experimento desde las élites que fracasó”

El fundador, presidente y CEO de BlackRock, Larry Fink quedó en el centro del debate tras la viralización de un video que contrapone sus declaraciones actuales con expresiones que había sostenido tiempo atrás sobre diversidad, clima y responsabilidad corporativa.

En una entrevista concedida el pasado 11 de marzo de 2026 a Fox News, con el periodista Bret Baier, Fink reconoció que parte de la agenda asociada al llamado movimiento “woke”, así como a los enfoques ESG y DEI, fue llevada “demasiado lejos”.

Baier formuló la pregunta directamente: “La era woke —un experimento fallido— el ESG, el DEI, el tipo de impulso hacia eso. Cuando hablas de las cosas ahora, lo haces en un sentido práctico. Mirando atrás, ¿cómo lo ves?”

Fink respondió con una frase que rápidamente se volvió viral: “La sociedad se mueve. El péndulo se mueve todo el tiempo. ¿Creo que el péndulo hace cinco años estaba demasiado lejos? Sí. Creo que somos más pragmáticos. Personalmente, yo también soy más pragmático”.

Presionado por Baier sobre si BlackRock empujó a las empresas “un poco más a la izquierda de lo que pensaban”, Fink respondió que “nunca fue su intención” porque su labor es ser fiduciario de todos sus clientes. Sin embargo, como recordaron múltiples medios, esa afirmación contrasta directamente con sus propias palabras de hace nueve años, cuando Fink presumía de imponer estas políticas.

“Los comportamientos van a tener que cambiar y esto es lo que les pedimos a las empresas. Hay que forzar comportamientos, y en BlackRock estamos forzando comportamientos. El 54% de la clase entrante son mujeres. Añadimos cuatro puntos más en términos de empleo diverso este año. Si no alcanzas estos niveles de diversidad, tu compensación se verá afectada”, afirmó Fink, en una entrevista concedida al New York Times en 2017.

Las palabras “forzar comportamientos” resultan particularmente reveladoras. Fink no solo describía una aspiración interna de BlackRock, sino que también estaba describiendo una política que aplicaría a las empresas en cuyo capital participaba como inversor. Las compañías que no cumplieran metas de diversidad racial y de género podían ver reducido su acceso al capital más grande del mundo.

¿Qué son ESG y DEI?

Para comprender mejor es conveniente tener presentes dos siglas que suelen aparecer juntas en el debate público y empresarial. ESG (por sus iniciales en inglés de Environmental, Social and Governance), refiere a un enfoque de inversión que evalúa a las compañías no solo por su rentabilidad, sino también por su impacto ambiental, sus prácticas sociales y la calidad de su gobierno corporativo. Bajo ese esquema se consideran, entre otros factores, la reducción de emisiones, la igualdad salarial y la transparencia en la gestión.

DEI, por su parte, resume las siglas de Diversity, Equity and Inclusion y se trata de políticas corporativas orientadas a ampliar la representación de minorías raciales, de género, sexuales y de otros grupos en los espacios de trabajo. Estas iniciativas cobraron mayor impulso después de las protestas de Black Lives Matter en 2020 y pasaron a formar parte de los estándares adoptados por muchas grandes empresas estadounidenses.

En ese contexto, la expresión “agenda woke” se utiliza de manera coloquial para describir la combinación de estas políticas cuando se las interpreta como una imposición ideológica más que como una práctica auténtica.

BlackRock ejerció una influencia decisiva. Con cerca de 14 billones de dólares bajo gestión, la firma se convirtió en uno de los principales accionistas de buena parte de las mayores empresas del mundo, lo que le otorga poder de voto en las juntas para respaldar o cuestionar a sus directivos.

Desde 2018, Fink envió cartas anuales a los principales CEOs del planeta en las que instaba a adoptar metas vinculadas con ESG y DEI, bajo la advertencia de que el respaldo accionarial de BlackRock podía depender de esos compromisos.

A eso se sumó su participación en Climate Action 100+, un grupo de inversores institucionales coordinado bajo el paraguas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para presionar a empresas contaminantes a reducir emisiones. A través de esta plataforma, fondos que controlaban decenas de billones de dólares actuaban en bloque, y en Net-Zero Asset Managers Initiative, integró la iniciativa de llevar a cero las emisiones de carbono de sus carteras, que contaba con más de 325 signatarios que gestionaban 57.5 billones de dólares.

Este conjunto de imposiciones constituye lo que muchos llaman una operación de ingeniería social top-down, ya que no surgió de un reclamo verdadero de los consumidores o empleados, sino que fueron condicionadas desde arriba por las élites financieras que controlaban el acceso al capital.

La retirada progresiva

La marcha atrás de BlackRock no ocurrió de un día para otro. Fue un proceso gradual, impulsado tanto por la resistencia política y social como por las consecuencias financieras.

Entre 2018 y 2022, Fink consolidó desde sus cartas anuales una línea de coacción sobre los conglomerados de la firma para que adoptaran criterios ESG y políticas DEI. Sin embargo, en febrero de 2024 BlackRock retiró su rama norteamericana del grupo Climate Action 100+, alegando preocupaciones legales y sobre su independencia.

A partir de 2023, un grupo de 21 fiscales generales de estados republicanos enviaron una carta amenazando con acciones constitucionales contra BlackRock y otros 52 grandes gestores de activos, acusándolos de violar sus deberes fiduciarios al priorizar objetivos ESG sobre el rendimiento financiero. Argumentaban que BlackRock estaba usando el dinero de los jubilados para avanzar una agenda política, no para maximizar su rentabilidad.

Una encuesta de la consultora Gallup en mayo de 2023 reveló que el 40% de los estadounidenses ni siquiera conocía el término ESG, y el 48% opinaba que las consideraciones ESG debían excluirse de las decisiones de inversión en favor de factores exclusivamente financieros. Los propios usuarios e inversores de BlackRock comenzaron a cuestionar si el activismo social era compatible con el mandato de maximizar retornos.

En noviembre de 2024, Texas y 10 estados republicanos más presentaron una demanda antimonopolio contra BlackRock, Vanguard y State Street, acusándolos de coordinar la reducción de producción de carbón para crear artificialmente precios más altos. En mayo de 2025, la Comisión Federal de Comercio (FTC) y el Departamento de Justicia (DOJ) apoyaron formalmente ese reclamo.

A principios de enero del 2025, la firma abandonó la iniciativa Net-Zero Asset Managers, aludiendo a la confusión generada en torno a sus esfuerzos climáticos y a nuevas presiones jurídicas. En ese mismo giro, en febrero de 2025 eliminó sus objetivos de representación laboral ligados a DEI, fusionó esos equipos en una nueva estructura de “Talento y Cultura” y suprimió todas las referencias a DEI de su informe anual corporativo. La llegada de Donald Trump a la presidencia aceleró dramáticamente el desmontaje del aparato ESG-DEI corporativo. Con ejecutivas órdenes anti-DEI y el apoyo de la FTC y el DOJ a las demandas contra los grandes fondos, el riesgo legal de mantener estas políticas se volvió inaceptable para muchas corporaciones.

Durante marzo de 2025, la carta anual a los inversores dejó por completo las menciones a ESG, DEI y cambio climático. Ya en marzo de 2026, Fink reconoció públicamente en Fox News que el “péndulo fue demasiado lejos hace cinco años”.

La salida de BlackRock del NZAM tuvo un efecto cascada. Días después, el propio grupo NZAM suspendió sus actividades y comenzó una revisión interna, señalando que “los recientes desarrollos en EE.UU. y las diferentes expectativas regulatorias” hacían necesario repensar la iniciativa.

“El comentario de Larry de que el péndulo simplemente se fue demasiado a la izquierda es revelador, porque ÉL ES QUIEN LO EMPUJÓ ALLÍ. Solo ahora es ‘más pragmático’ porque él y el cártel Woke fueron atrapados y ahora sienten el calor de las investigaciones antimonopolio, demandas, etc”, destacó Will Hild, director ejecutivo de Consumers Research.

Las millones de personas que fueron canceladas, despedidas o señaladas como “fascistas” por cuestionar estas políticas mientras eran dominantes quedan sin reparación alguna. Fink no pidió disculpas, no reconoció daños concretos, ni tampoco asumió responsabilidad. Simplemente reencuadró el debate llamándose “pragmático” —como si el problema fuera solo el exceso de entusiasmo.

Efecto dominó

BlackRock no fue un caso aislado. La retirada del ESG y del DEI corporativo se convirtió en una tendencia extendida dentro de las grandes entidades de Estados Unidos. Meta eliminó sus programas de DEI vinculados a contratación, capacitación y selección de proveedores, y desmanteló su equipo específico en esa área.

Amazon suprimió referencias a DEI en su informe anual de 2024 y recortó secciones dedicadas a la equidad racial. Ford, por su parte, dejó de participar en el Corporate Equality Index de la Human Rights Campaign y anunció que no aplicaría cuotas para sus concesionarios. Harley-Davidson desarmó su estructura de DEI en agosto de 2024, tras una campaña de presión impulsada por el activista conservador Robby Starbuck.

A su vez, compañías como John Deere, Caterpillar, Tractor Supply, Molson Coors, Stanley y Black & Decker redujeron o directamente eliminaron sus programas de diversidad. En la misma línea, Goldman Sachs y Citigroup adoptaron medidas similares, mientras que General Motors, Intel y Disney ajustaron o retiraron sus metas DEI de los informes anuales.

VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

HUMOR por Argüelles​

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