HISTORIAS OLVIDADAS: ¿Se conocieron Mussolini y Disney?

Algunos expertos niegan una reunión que otras fuentes sitúan en Villa Torlonia. Entre ellas, un hijo del Duce y el hermano del dibujante...
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10 Years Experiences

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Algunos expertos niegan una reunión que otras fuentes sitúan en Villa Torlonia. Entre ellas, un hijo del Duce y el hermano del dibujante.

Guita Carell fotografió a todo el que fue alguien en la Italia fascista: desde princesas como María José de Saboya a artistas como Vittorio de Sica y por supuesto, políticos, incluido Mussolini. Pero en la serie de retratos que realizó durante los años 20 y 30 del siglo XX, se coló alguien que no tenía sangre real ni era italiano ni militó en el Partido Fascista: Walt Disney.

Las tres fotografías que le hizo al creador estadounidense son de 1935 y cómo logró Carell captarlo sin salir de Italia lo explica el viaje, mitad turístico, mitad comercial que Disney, su esposa Lillian, su hermano Roy y la mujer de éste hicieron ese año por Europa.

Uno de los retratos que Carell le hizo a Disney en 1935.

En Italia, los hermanos querían reunirse con varias casas editoriales para llegar a un acuerdo económico sobre sus cómics, muy celebrados en el país de la bota desde que Mickey se convirtiera en “Topolino” el 31 de diciembre de 1932 de la mano del sello Nerbini. No fueron los únicos encuentros que concertaron en ese tour que iniciaron en Francia y les llevó por Suiza, Inglaterra y Alemania. Solo una de esas reuniones sigue suscitando controversia 84 años después: la que habrían tenido el padre de Mickey y Benito Mussolini.

PROBLEMAS MATRIMONIALES:

En 1935, la carrera de los hermanos estaba en su apogeo. Según el libro Disney’s World, su popularidad llegaba a las más altas esferas. “Los hombres de Estado y los políticos mencionaban a Mickey Mouse en sus discursos”, añade Leonard Mosley, autor del libro donde explica que en esos años se filtró a la prensa que lo que más le gustaba hacer en su tiempo libre al presidente Franklin Delano Roosevelt, era ver en la televisión Los tres cerditos.

Además, Walt acababa de encontrar a su Pato Donald, Clarence Nash, el maestro de escuela que le puso voz a su creación más refunfuñona. Fue un hallazgo, más teniendo en cuenta que él mismo había usado su laringe para insuflarle vida a Mickey. Tanto le gustó, que le pagó clases de español, italiano, portugués, alemán e incluso chino y japonés porque no quería que nadie más en el mundo interpretara a su “hijo”. Y así, Nash fue Donald durante 50 años.

Pero la vida personal de Disney no era en esos años tan excitante. Tras el nacimiento de Diane, ansiaba un hijo varón que no llegaba. Según Mosley, los médicos concluyeron que su nivel de espermatozoides era muy bajo y le procuraron un tratamiento para la tiroides que no funcionó. Volvió a fumar mucho y no estaba de buen humor, algo que afectó a su relación con Lillian, con quien llevaba diez años casado.

Por eso, para que su hermano y su cuñada se relajaran, organizó él mismo un viaje por Europa con la excusa de recoger un galardón que la Liga de Naciones le había concedido a Walt por “hacer felices a los niños”.

Los hermanos Disney, Walt y Roy, en una imagen de 1939.

LA VISITA DE LA DISCORDIA:

El éxito vino acompañado de mucho dinero, al que los dos matrimonios se acostumbraron rápidamente. Por eso el trayecto hasta Europa lo hicieron en el Normandía, el mejor crucero de lujo del momento, uno construido en los “felices años 20”, los mismos en que Disney empezó a forjar su éxito.

Lo que supuso su llegada a Italia en 1935 se puede ver en los vídeos del archivo del Istituto della Luce. Uno de ellos recoge la cena de gala que se hizo en honor de Walt en el Cinema Barberini en Roma. En la puerta, antes de entrar, se puede ver a Ghita Carell. También al ministro de Propaganda, Gian Galeazzo Ciano, casado con Edda, hija de Benito Mussolini.

A falta del Duce, su hija y su yerno hicieron los honores oficiales en aquella recepción. Pero la controversia sobre si Disney y Mussolini llegaron a conocerse no se ubica en la puerta de ese cine sino en Villa Torlonia. Si se atiende al relato de Romano Mussolini, cuarto vástago del dictador, Disney los visitó en aquella mansión que su padre acabaría convirtiendo en búnker.

Serata di gala in onore di Walt Disney.

Giornale Luce B0718 del 1935 Descrizione sequenze:fotografia di Walt Disney, creatore di Topolino ; disegni del famoso cartoon ; il cinema Barberini, sede della serata di gala ; gli invitati alla serata ; arrivo di Walt Disney e signora ; Il ministro per la Propaganda e Stampa e la Contessa Ciano Mussolini presenziano la cerimonia ; Archivio Storico Luce http://www.archivioluce.com .

Se lo contó en 1995 al periodista Francesco De Giacomo en IF, una revista especializada en cómics. En ella no solo habla de la pasión que sentían en su casa por las novelas gráficas, también relata la visita del dibujante y el regalo que les llevó a los más pequeños de la casa: “Fue recibido por mi padre y en esa ocasión nos dio a Anna y a mí un enorme Mickey de madera.”

Romano, que entonces tenía ocho años, se casó más tarde con María Scicolone, hermana de Sophia Loren y autora de A tavola con Il Duce (En la mesa con el Duce), un libro en el que además de explicar que al líder fascista le gustaba mucho el ajo también desgranaba la anécdota que le contó su marido. En esas páginas explica que su suegra, Rachele, preparó aquella tarde un pastel para agasajar a su invitado y que a Disney le gustó tanto, que le pidió la receta y decidieron llamarlo “Torta Topolino”.

Romano Mussolini, junto a su padre

PAPELES CONTRA RECUERDOS:

Didier Ghez no niega aquel encuentro tuviera lugar. Lo que niega el autor de Disney’s Grand Tour: Walt and Roy’s European y uno de los mayores expertos en la vida y la obra de Disney es que allí estuviera el Duce. Según explica al sitio Vanity Fair, una de las razones que le hace pensar así es que no hay registro de ese encuentro en la agenda oficial del mandatario. Al recordarle que todas las fuentes dicen que fue una visita privada, aporta la reconstrucción que hizo confrontando los eventos a los que acudieron los Disney y Mussolini para demostrar que no hubo hueco para que coincidieran.

La única posibilidad, dice, habría tenido lugar el 20 de julio de 1935. Ese día, un telegrama de Luigi Freddi, periodista y responsable de la política cinematográfica del régimen fascista, confirmó a Walt Disney que se vería con el yerno de Mussolini a las 5.30 de la tarde. Ghez cree que lo que pasó fue lo siguiente: quedaron en el Ministerio de Propaganda y luego les pidió a Walt y Roy que le acompañaran a casa de su suegra para recoger a Edda.

“Allí, los Disney se habrían reunido con la esposa de Mussolini, así como con el hijo, Romano, y con las hijas, Edda y Anna Maria. Desde allí, Ciano y Edda probablemente condujeron a Walt y Roy a su hotel, ubicado en Via Vittorio Veneto, 125, a seis minutos en coche de Villa Torlonia, para recoger a Lillian y Edna”. Después de una cena en el restaurante Alfredo, dice Ghez, las tres parejas fueron juntas al Barberini, y no hubo hueco para ver al Duce en ningún momento, pues otros compromisos que sí aparecen en su agenda le habrían impedido llegar a tiempo a casa para encontrarse con ellos.

Il Duce, Benito Mussolini durante un discurso.

El experto explica al sitio VF que dedicó 18 meses en llegar a esta conclusión. ¿Cómo explica entonces la versión de Romano? Como un caso de “realidad alternativa”, un proceso por el que los críos habrían escuchado anécdotas al respecto, las habrían mezclado y habrían acabado asumiendo que ese día su padre también estaba en casa.

Hay otras dos pruebas que usan quienes creen que Walt y Benito comieron torta juntos. Una es la foto que el dirigente le dedicó de su puño y letra al dibujante. El retrato es obra de Carell y en él se puede leer: “A Walt Disney, con cordiales saludos y felicitaciones”. Para Ghez, es un formalismo propio de un dignatario, no la frase de un hombre que ha conocido a otro personalmente. También aventura cuándo lo recibió el americano: “En una recepción organizada en su honor por el ministerio de Propaganda en el Hotel Ambassador, el 21 de julio”.

EL TESTIMONIO DE ROY

La otra prueba que refuta Ghez son los recuerdos de Roy Disney. Michael Barrier recoge en The Animated Man: A Life of Walt Disney una entrevista que concedió en 1967 al periodista Richard G. Hubler. “¿Sabes? Tiene una oficina realmente grande. (…) El tipo que nos condujo hasta él llevaba unos zapatos italianos que sonaron ‘ñic, ñic, ñic’ durante todo el trayecto hasta Mussolini. Él estaba allí sentado, con los ojos puestos en nosotros y sentado en la sombra. Al sentarte en la silla, te sentías como delante de un foco. Pero fue muy agradable y muy cordial”. Así recordaba el encuentro que él y Walt habrían tenido con Mussolini.

“El caso de Roy es mucho más desconcertante. La única explicación que tiene sentido, desde mi punto de vista, es que recordara la reunión con el yerno de Mussolini y pensara que era una reunión con Benito Mussolini”, argumenta Ghez. También añade que esa entrevista tuvo lugar en el final de la vida de Roy, dando a entender que quizás confundiera los recuerdos.

En su libro, Barrier da por buenos los recuerdos de Roy y de Romano. Pero al contactar con él, ha explicado al sitio VF que fue un error por su parte y que Ghez tiene razón. No ha dado más explicaciones. Quien da por bueno el encuentro con Mussolini es Leonard Mosley, que también habla en su libro de una visita de los Disney al Papa Pío XI, algo que Ghez atribuye a una invención de la prensa estadounidense, pues no hay registro de esas visitas en los diarios de Edna Disney, ni en los de Roy, “bastante exhaustivos”. Tampoco en la prensa italiana.

LEER CON CAUTELA

En Italia no son tan categóricos, y el experto en cómics y director de la revista Dime Web, Francesco Manetti, no llegó a ninguna conclusión en uno de los artículos que le ha dedicado al asunto. Lo que sí advierte es algo que hay que tener presente cuando se habla de alguien que ha tenido la trascendencia que tuvo, y aún tiene, Disney: leer lo que se dice sobre él con mucha cautela.

Walt Disney en sus últimos años

Por ejemplo, Manetti considera que Disney fue un capitalista atípico: claro que quería ganar dinero, pero también estaba dispuesto a perderlo. “A lo largo de los años se arriesgó a la quiebra varias veces para perseguir sus sueños, antes y después de Mickey.” El experto considera que uno de esas visiones escoradas es la de Marc Eliot en Walt Disney, Hollywood’s Dark Prince, basado en declaraciones de Art Babbitt, uno de los principales animadores de Disney y creador de Goofy que apoyó una huelga de empleados en 1941. “No desaprovechó ni una ocasión para atacar a su ex amigo”, apunta Manetti.

Esa precaución, Ghez dice aplicarla con documentos. “No siempre, pero a menudo, son más fiables que los recuerdos”, asevera al sitio VF e insiste en que él también creía que aquella reunión había tenido lugar cuando inició una investigación que contó con el apoyo de Diane, la hija de Disney. También tuvo el beneplácito de la compañía para publicarlo.

Ghez no ha sido el primer biógrafo aprobado por la factoría para contar la historia del hombre que nació en un municipio llamado Hermosa y se convirtió en el rey de la animación en todo el mundo. Solo un año después de la muerte de Walt, la familia contrató al ya citado Richard G. Hubler para que relatara su vida y su obra. La entrevista donde Roy explica la visita a Mussolini formaba parte del material de ese libro, que nunca vio la luz. “Lo entregué para que hicieran las correcciones y/o las deserciones”, indicó Hubler con ironía años después de haber entregado el manuscrito a la familia. Lo cobró, pero la respuesta que le dieron la resumió así el periodista: “Todo lo que obtuve fue silencio.”

EL AMOR DE MUSSOLINI POR LOS CÓMICS

Manetti no llegó a ninguna conclusión pero aportó argumentos que darían sentido a una reunión entre el creador americano y el líder fascista. Una es la relación que tenía Mussolini con el cartoon. “El amor por el cómic internacional, fomentado por la familia Mussolini, se dirigió sobre todo a las aventuras clásicas y los productos de Disney”, dice Manetti. También él habla de Romano, el hijo pianista de Mussolini, que adoraba las revistas de Flash Gordon, Popeye y “Topolino” y que obtuvo su carné “Amigo de Mickey Mouse” en 1936, un año después de la supuesta visita.

Ese interés venía de su padre: Benito Mussolini conocía los cómics y su poder, pues a pesar de encabezar un régimen en el que las palabras grandilocuentes tenían mucha importancia, también conocía el peso y la potencia de la imagen. Por eso contrató a Luigi “Liberio” Pensuti, que creó una película de animación para una campaña contra la tuberculosis promovida por el gobierno.

Pensuti fue el autor de los cortos de dibujos que se proyectaban en los años 30 en los cines italianos antes de cada película. La envergadura de su obra no se conoció hasta hace cinco años, cuando un donante anónimo cedió sus cintas a la Cineteca de Milán, el Istituto della Luce y el Cinema Ritrovato de Boloña. Así pudo verse el trabajo de un hombre que entre el nombre y el apellido se colocó la palabra “liberio” para recordar sus ideales anarquistas.

Il Dottor Churkill (1941)

NOTE: This video was made for the sole purpose of informing and preserving history. All ideas expressed by this material are only part of its historical context. Nazi ideas or any other similar position are totally rejected by the person who uploaded this video.

Uno de los cortos de Luigi “Liberio” Pensuti

Pero Pensuti, que en su juventud como marionetista se había enfrentado al fascismo, llegó a ser director del Istituto della Luce con Mussolini, que lo sacó del cargo cuando él se negó a sacarse el carné del Partido Fascista. Se le conocía como el “Walt Disney italiano”, y era admirador del estadounidense, aunque al contrario que él, nunca diseñó animales antropomórficos, algo que habría aplaudido Rafael Sánchez Ferlosio, el mayor crítico en España del creador americano. Lo acusaba, entre otras cosas, de simplificar la naturaleza. “No contentos con presentárnosla dopada y disfrazada, se la hace incluso hablar… a ella, que es el silencio por antonomasia.”

Pero también es eso, información mascada y digerida, lo que le gustaba a Mussolini de aquellos cómics que en los años 30 editaban sin parar sellos como Nerbini y Mondadori. Cómics que antes de ir a imprenta, eran aprobados por el régimen. Cómics que en ocasiones ni siquiera decían lo mismo que el original. Así se adivina en las Lezioni americane de Italo Calvino, donde recuerda su experiencia con aquellas revistas que leía cuando era un niño de camisa negra: “Estaba claro que el que traducía no tenía la menor idea de lo que había en los globos del original, porque no entendía el inglés o porque trabajaba en dibujos animados ya rediseñados y silenciados.”

Disney regaló un Mickey como este a los niños Mussolini.

LAS RAZONES DEL ENCUENTRO

A Mussolini le interesaba el cómic, como le interesaba cualquier medio de comunicación de masas y por eso también le interesaba Hollywood. Su relación con aquel mundo de brillos y estrellas era, como en tantas otras cosas lo era su régimen, ambivalente. “Los fascistas tenían sus ojos en Hollywood, que había sido descrito por el hijo del Duce, bombardero y cineasta, Vittorio Mussolini, como el ‘centro de la agitación política contra la idea fascista”, explica Esther Leslie en Hollywood Flatland: Animation, Critical Theory and Avant-garde.

Aun así, añade la autora, Blancanieves y los siete enanitos no solo reventó la taquilla americana también lo hizo en Roma cuando se estrenó, a finales de 1938. Incluso Ghitta Carell, la autora de los retratos de los dos hombres en cuestión, bebía de esa fuente para dar una imagen glamourosa, un tanto edulcorada, de los personajes clave del fascismo italiano, por eso no extraña que ella quisiera conocer a Disney y retratarlo, como no extraña que Mussolini también tuviera interés en verse con él.

Sobre todo teniendo en cuenta que cuando el 26 de noviembre de 1938 el régimen fascista prohibió la publicación de cómics estadounidenses, el único que se salvó fue el ratón Mickey, al parecer, por decisión de Mussolini. Aguantó hasta 1942, cuando Italia ya estaba involucrada en la Segunda Guerra Mundial y el ratón americano fue sustituido por Tuffolino, una copia creada por Federico Pedrocchi y Pier Lorenzo De Vita.

Pero también Disney fue ambiguo a su manera. De él, dice Barrier en su libro, de manera un tanto complaciente, que el oscurantismo que Walt Disney y la familia han aplicado a algunos episodios de su vida son fáciles de entender: “Solían implicar la deslealtad de un empleado.” Pero además del silencio, Walt usó otras estrategias para capear cuestiones y personas espinosas. El modo en que manejó su encuentro con Leni Riefenstahl es un ejemplo.

NEGANDO A LENI

El 4 de noviembre de 1938 un crucero de lujo llamado Europa llegó al puerto de Nueva York. Riefenstahl bajó de él con una única maleta. En la etiqueta identificativa, un seudónimo: Lotte Richter. Dentro, tres copias de Olimpia, la cinta que grabó sobre los Juegos Olímpicos de 1936 celebrados en Berlín.

La cineasta favorita de Adolf Hitler definió el viaje como de vacaciones, pero lo pagó el gobierno alemán. Viajó, entre otras cosas, para buscar distribuidora aunque lo que encontró al llegar a California fue un anuncio de la Liga Anti Nazi en el Hollywood Reporter: “No hay sitio en nuestros despachos para los agentes nazis”. Solo Walt Disney la recibió.

La visita incluyó una visita de tres horas por los estudios de la mayor factoría de animación del mundo, pero tres meses después, como recuerda Esther Leslie, Disney diría a la prensa que había atendido a la alemana sin saber quién era. De desenmascararlo se encargó ella misma al recordar que se habían conocido un año antes. Fue en el Festival de Cine de Venecia, donde él presentó seis películas a concurso. Y hubo buena sintonía: “Él tiene esa emoción alemana… por eso usa nuestras fábulas y nuestros cuentos de hadas”, añadió ella después de ser negada por Walt Disney, quien no dijo una palabra sobre la visita que hizo en 1935 a la familia Mussolini.


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“El último gigante” | La última película de Marcos Carnevale, estrenada en Netflix y filmada en las Cataratas, inyectó 3 millones de dólares en Misiones

El rodaje de “El último gigante”, la película de Netflix filmada casi en su totalidad en escenarios naturales de Misiones, dejó cerca de US$3 millones en la provincia. Así lo estimó Sergio Acosta, presidente del Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones (Iaavim). “Nosotros por el despliegue, la cantidad de gente que se quedó y todo, más o menos estimamos 3 millones de dólares que dejó esa película en la provincia, en sueldos, en servicios, en todo lo que gastó. Plata que entró a la provincia y fue directamente a los privados”, declaró el funcionario al medio Misiones Online.

La producción, dirigida por el prestigioso Marcos Carnevale, fue rodada en el Parque Nacional Iguazú, las Cataratas del Iguazú y la localidad de Puerto Libertad. El trabajo comenzó el 17 de mayo del año pasado y demandó un importante despliegue técnico, logístico y humano, con participación activa de trabajadores audiovisuales de la región, convocados a través de Misiones Casting y con articulación de la Comisión de Filmaciones del Iaavim. 

Desde el 1 de abril, la película está disponible en Netflix en más de 190 países.

El elenco estuvo encabezado por Oscar Martínez y Matías Mayer, junto a Inés Estévez, Silvia Kutika, Yoyi Francella, Alexia Moyano y Luis Luque. La historia gira en torno a Boris, un guía turístico que se reencuentra con su padre después de más de veinte años, en un viaje atravesado por el duelo, las heridas abiertas y la posibilidad del perdón.

Acosta subrayó que el Iaavim cumple un rol central como nexo entre el sector privado y las instituciones públicas para atraer grandes producciones. El organismo es “el pivot entre el privado que viene de afuera y todas las instituciones públicas y privadas. Por ejemplo, si nos dicen que necesitan una escuela en el monte que se vea un río, nosotros logramos los permisos con el Consejo General de Educación”, ejemplificó.

“Nos da la impronta de generar trabajo a través del audiovisual, con la atracción de estas producciones que podrían irse a la Patagonia o a Jujuy. Son historias que pueden adaptarse a los entornos naturales y logramos que elijan Misiones”, precisó Acosta.

Voces de la producción y de Netflix

El productor Ignacio Rey, de Leyenda Films, valoró la experiencia de trabajar en la provincia. “La experiencia de haber filmado en Misiones fue espectacular. Era un desafío adentrarnos por el río hasta las cataratas e incluso filmar debajo de ellas. Contamos con un apoyo total de la provincia, de Parques Nacionales y del sector privado”. 

Rey también destacó la capacidad humana encontrada: “Encontramos una mano de obra espectacular y gente sumamente amable. Fue un placer y esperamos haber hecho honor a la majestuosidad de la provincia con esta película”.

Juanjo Méndez, líder de políticas públicas para América del Sur de Netflix, remarcó el valor de este tipo de producciones para los territorios donde se desarrollan. “Es una gran oportunidad para mostrarle al mundo lo maravillosas que son las Cataratas del Iguazú. Esta producción utilizó una gran cantidad de recursos locales: hoteles, gastronomía, logística y talento. Es importantísimo todo lo que hay detrás de una producción audiovisual”.

Durante la premiere oficial, realizada en el complejo Cinemark Hoyts DOT de la Ciudad de Buenos Aires (con presencia del director, el elenco y referentes de la industria), Carnevale agradeció a quienes hicieron posible el film: “Lo mío son todos gracias. Gracias a Netflix por hacer posible la película, al elenco maravilloso y a mi equipo técnico, que es mi segunda familia. Sin ellos nada sería posible”.

Turismo cinematográfico: una industria consolidada

Acosta destacó el concepto de “turismo cinematográfico” como una consecuencia directa de la exposición que obtiene Misiones en las plataformas de streaming. “Llegar a la plataforma significa que Misiones está en la vitrina del mundo. 190 y pico de países van a poder ver la película subtitulada o doblada en su idioma, que van a ver las Cataratas del Iguazú”.

El funcionario también atribuyó el presente del sector audiovisual misionero a un proceso de largo aliento. “Tiene que ver con un desarrollo de 20 o 25 años del sector audiovisual que nace un poco con Oberá en Cortos y se consolida con las carreras de audiovisual que tenemos en la provincia. Un poco todo ese ecosistema hace que hoy día podamos estar hablando de industria, más allá del audiovisual como cultura y como derecho. Estamos hablando ya de una instancia más industrial en la cual la provincia está invirtiendo y atrayendo grandes producciones, porque genera muchísimo laburo”, sostuvo.

BlackRock admitió que la agenda woke fue un “experimento desde las élites que fracasó”

El fundador, presidente y CEO de BlackRock, Larry Fink quedó en el centro del debate tras la viralización de un video que contrapone sus declaraciones actuales con expresiones que había sostenido tiempo atrás sobre diversidad, clima y responsabilidad corporativa.

En una entrevista concedida el pasado 11 de marzo de 2026 a Fox News, con el periodista Bret Baier, Fink reconoció que parte de la agenda asociada al llamado movimiento “woke”, así como a los enfoques ESG y DEI, fue llevada “demasiado lejos”.

Baier formuló la pregunta directamente: “La era woke —un experimento fallido— el ESG, el DEI, el tipo de impulso hacia eso. Cuando hablas de las cosas ahora, lo haces en un sentido práctico. Mirando atrás, ¿cómo lo ves?”

Fink respondió con una frase que rápidamente se volvió viral: “La sociedad se mueve. El péndulo se mueve todo el tiempo. ¿Creo que el péndulo hace cinco años estaba demasiado lejos? Sí. Creo que somos más pragmáticos. Personalmente, yo también soy más pragmático”.

Presionado por Baier sobre si BlackRock empujó a las empresas “un poco más a la izquierda de lo que pensaban”, Fink respondió que “nunca fue su intención” porque su labor es ser fiduciario de todos sus clientes. Sin embargo, como recordaron múltiples medios, esa afirmación contrasta directamente con sus propias palabras de hace nueve años, cuando Fink presumía de imponer estas políticas.

“Los comportamientos van a tener que cambiar y esto es lo que les pedimos a las empresas. Hay que forzar comportamientos, y en BlackRock estamos forzando comportamientos. El 54% de la clase entrante son mujeres. Añadimos cuatro puntos más en términos de empleo diverso este año. Si no alcanzas estos niveles de diversidad, tu compensación se verá afectada”, afirmó Fink, en una entrevista concedida al New York Times en 2017.

Las palabras “forzar comportamientos” resultan particularmente reveladoras. Fink no solo describía una aspiración interna de BlackRock, sino que también estaba describiendo una política que aplicaría a las empresas en cuyo capital participaba como inversor. Las compañías que no cumplieran metas de diversidad racial y de género podían ver reducido su acceso al capital más grande del mundo.

¿Qué son ESG y DEI?

Para comprender mejor es conveniente tener presentes dos siglas que suelen aparecer juntas en el debate público y empresarial. ESG (por sus iniciales en inglés de Environmental, Social and Governance), refiere a un enfoque de inversión que evalúa a las compañías no solo por su rentabilidad, sino también por su impacto ambiental, sus prácticas sociales y la calidad de su gobierno corporativo. Bajo ese esquema se consideran, entre otros factores, la reducción de emisiones, la igualdad salarial y la transparencia en la gestión.

DEI, por su parte, resume las siglas de Diversity, Equity and Inclusion y se trata de políticas corporativas orientadas a ampliar la representación de minorías raciales, de género, sexuales y de otros grupos en los espacios de trabajo. Estas iniciativas cobraron mayor impulso después de las protestas de Black Lives Matter en 2020 y pasaron a formar parte de los estándares adoptados por muchas grandes empresas estadounidenses.

En ese contexto, la expresión “agenda woke” se utiliza de manera coloquial para describir la combinación de estas políticas cuando se las interpreta como una imposición ideológica más que como una práctica auténtica.

BlackRock ejerció una influencia decisiva. Con cerca de 14 billones de dólares bajo gestión, la firma se convirtió en uno de los principales accionistas de buena parte de las mayores empresas del mundo, lo que le otorga poder de voto en las juntas para respaldar o cuestionar a sus directivos.

Desde 2018, Fink envió cartas anuales a los principales CEOs del planeta en las que instaba a adoptar metas vinculadas con ESG y DEI, bajo la advertencia de que el respaldo accionarial de BlackRock podía depender de esos compromisos.

A eso se sumó su participación en Climate Action 100+, un grupo de inversores institucionales coordinado bajo el paraguas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para presionar a empresas contaminantes a reducir emisiones. A través de esta plataforma, fondos que controlaban decenas de billones de dólares actuaban en bloque, y en Net-Zero Asset Managers Initiative, integró la iniciativa de llevar a cero las emisiones de carbono de sus carteras, que contaba con más de 325 signatarios que gestionaban 57.5 billones de dólares.

Este conjunto de imposiciones constituye lo que muchos llaman una operación de ingeniería social top-down, ya que no surgió de un reclamo verdadero de los consumidores o empleados, sino que fueron condicionadas desde arriba por las élites financieras que controlaban el acceso al capital.

La retirada progresiva

La marcha atrás de BlackRock no ocurrió de un día para otro. Fue un proceso gradual, impulsado tanto por la resistencia política y social como por las consecuencias financieras.

Entre 2018 y 2022, Fink consolidó desde sus cartas anuales una línea de coacción sobre los conglomerados de la firma para que adoptaran criterios ESG y políticas DEI. Sin embargo, en febrero de 2024 BlackRock retiró su rama norteamericana del grupo Climate Action 100+, alegando preocupaciones legales y sobre su independencia.

A partir de 2023, un grupo de 21 fiscales generales de estados republicanos enviaron una carta amenazando con acciones constitucionales contra BlackRock y otros 52 grandes gestores de activos, acusándolos de violar sus deberes fiduciarios al priorizar objetivos ESG sobre el rendimiento financiero. Argumentaban que BlackRock estaba usando el dinero de los jubilados para avanzar una agenda política, no para maximizar su rentabilidad.

Una encuesta de la consultora Gallup en mayo de 2023 reveló que el 40% de los estadounidenses ni siquiera conocía el término ESG, y el 48% opinaba que las consideraciones ESG debían excluirse de las decisiones de inversión en favor de factores exclusivamente financieros. Los propios usuarios e inversores de BlackRock comenzaron a cuestionar si el activismo social era compatible con el mandato de maximizar retornos.

En noviembre de 2024, Texas y 10 estados republicanos más presentaron una demanda antimonopolio contra BlackRock, Vanguard y State Street, acusándolos de coordinar la reducción de producción de carbón para crear artificialmente precios más altos. En mayo de 2025, la Comisión Federal de Comercio (FTC) y el Departamento de Justicia (DOJ) apoyaron formalmente ese reclamo.

A principios de enero del 2025, la firma abandonó la iniciativa Net-Zero Asset Managers, aludiendo a la confusión generada en torno a sus esfuerzos climáticos y a nuevas presiones jurídicas. En ese mismo giro, en febrero de 2025 eliminó sus objetivos de representación laboral ligados a DEI, fusionó esos equipos en una nueva estructura de “Talento y Cultura” y suprimió todas las referencias a DEI de su informe anual corporativo. La llegada de Donald Trump a la presidencia aceleró dramáticamente el desmontaje del aparato ESG-DEI corporativo. Con ejecutivas órdenes anti-DEI y el apoyo de la FTC y el DOJ a las demandas contra los grandes fondos, el riesgo legal de mantener estas políticas se volvió inaceptable para muchas corporaciones.

Durante marzo de 2025, la carta anual a los inversores dejó por completo las menciones a ESG, DEI y cambio climático. Ya en marzo de 2026, Fink reconoció públicamente en Fox News que el “péndulo fue demasiado lejos hace cinco años”.

La salida de BlackRock del NZAM tuvo un efecto cascada. Días después, el propio grupo NZAM suspendió sus actividades y comenzó una revisión interna, señalando que “los recientes desarrollos en EE.UU. y las diferentes expectativas regulatorias” hacían necesario repensar la iniciativa.

“El comentario de Larry de que el péndulo simplemente se fue demasiado a la izquierda es revelador, porque ÉL ES QUIEN LO EMPUJÓ ALLÍ. Solo ahora es ‘más pragmático’ porque él y el cártel Woke fueron atrapados y ahora sienten el calor de las investigaciones antimonopolio, demandas, etc”, destacó Will Hild, director ejecutivo de Consumers Research.

Las millones de personas que fueron canceladas, despedidas o señaladas como “fascistas” por cuestionar estas políticas mientras eran dominantes quedan sin reparación alguna. Fink no pidió disculpas, no reconoció daños concretos, ni tampoco asumió responsabilidad. Simplemente reencuadró el debate llamándose “pragmático” —como si el problema fuera solo el exceso de entusiasmo.

Efecto dominó

BlackRock no fue un caso aislado. La retirada del ESG y del DEI corporativo se convirtió en una tendencia extendida dentro de las grandes entidades de Estados Unidos. Meta eliminó sus programas de DEI vinculados a contratación, capacitación y selección de proveedores, y desmanteló su equipo específico en esa área.

Amazon suprimió referencias a DEI en su informe anual de 2024 y recortó secciones dedicadas a la equidad racial. Ford, por su parte, dejó de participar en el Corporate Equality Index de la Human Rights Campaign y anunció que no aplicaría cuotas para sus concesionarios. Harley-Davidson desarmó su estructura de DEI en agosto de 2024, tras una campaña de presión impulsada por el activista conservador Robby Starbuck.

A su vez, compañías como John Deere, Caterpillar, Tractor Supply, Molson Coors, Stanley y Black & Decker redujeron o directamente eliminaron sus programas de diversidad. En la misma línea, Goldman Sachs y Citigroup adoptaron medidas similares, mientras que General Motors, Intel y Disney ajustaron o retiraron sus metas DEI de los informes anuales.

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