HISTORIAS OLVIDADAS: ¿Se conocieron Mussolini y Disney?

Algunos expertos niegan una reunión que otras fuentes sitúan en Villa Torlonia. Entre ellas, un hijo del Duce y el hermano del dibujante...
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10 Years Experiences

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Algunos expertos niegan una reunión que otras fuentes sitúan en Villa Torlonia. Entre ellas, un hijo del Duce y el hermano del dibujante.

Guita Carell fotografió a todo el que fue alguien en la Italia fascista: desde princesas como María José de Saboya a artistas como Vittorio de Sica y por supuesto, políticos, incluido Mussolini. Pero en la serie de retratos que realizó durante los años 20 y 30 del siglo XX, se coló alguien que no tenía sangre real ni era italiano ni militó en el Partido Fascista: Walt Disney.

Las tres fotografías que le hizo al creador estadounidense son de 1935 y cómo logró Carell captarlo sin salir de Italia lo explica el viaje, mitad turístico, mitad comercial que Disney, su esposa Lillian, su hermano Roy y la mujer de éste hicieron ese año por Europa.

Uno de los retratos que Carell le hizo a Disney en 1935.

En Italia, los hermanos querían reunirse con varias casas editoriales para llegar a un acuerdo económico sobre sus cómics, muy celebrados en el país de la bota desde que Mickey se convirtiera en “Topolino” el 31 de diciembre de 1932 de la mano del sello Nerbini. No fueron los únicos encuentros que concertaron en ese tour que iniciaron en Francia y les llevó por Suiza, Inglaterra y Alemania. Solo una de esas reuniones sigue suscitando controversia 84 años después: la que habrían tenido el padre de Mickey y Benito Mussolini.

PROBLEMAS MATRIMONIALES:

En 1935, la carrera de los hermanos estaba en su apogeo. Según el libro Disney’s World, su popularidad llegaba a las más altas esferas. “Los hombres de Estado y los políticos mencionaban a Mickey Mouse en sus discursos”, añade Leonard Mosley, autor del libro donde explica que en esos años se filtró a la prensa que lo que más le gustaba hacer en su tiempo libre al presidente Franklin Delano Roosevelt, era ver en la televisión Los tres cerditos.

Además, Walt acababa de encontrar a su Pato Donald, Clarence Nash, el maestro de escuela que le puso voz a su creación más refunfuñona. Fue un hallazgo, más teniendo en cuenta que él mismo había usado su laringe para insuflarle vida a Mickey. Tanto le gustó, que le pagó clases de español, italiano, portugués, alemán e incluso chino y japonés porque no quería que nadie más en el mundo interpretara a su “hijo”. Y así, Nash fue Donald durante 50 años.

Pero la vida personal de Disney no era en esos años tan excitante. Tras el nacimiento de Diane, ansiaba un hijo varón que no llegaba. Según Mosley, los médicos concluyeron que su nivel de espermatozoides era muy bajo y le procuraron un tratamiento para la tiroides que no funcionó. Volvió a fumar mucho y no estaba de buen humor, algo que afectó a su relación con Lillian, con quien llevaba diez años casado.

Por eso, para que su hermano y su cuñada se relajaran, organizó él mismo un viaje por Europa con la excusa de recoger un galardón que la Liga de Naciones le había concedido a Walt por “hacer felices a los niños”.

Los hermanos Disney, Walt y Roy, en una imagen de 1939.

LA VISITA DE LA DISCORDIA:

El éxito vino acompañado de mucho dinero, al que los dos matrimonios se acostumbraron rápidamente. Por eso el trayecto hasta Europa lo hicieron en el Normandía, el mejor crucero de lujo del momento, uno construido en los “felices años 20”, los mismos en que Disney empezó a forjar su éxito.

Lo que supuso su llegada a Italia en 1935 se puede ver en los vídeos del archivo del Istituto della Luce. Uno de ellos recoge la cena de gala que se hizo en honor de Walt en el Cinema Barberini en Roma. En la puerta, antes de entrar, se puede ver a Ghita Carell. También al ministro de Propaganda, Gian Galeazzo Ciano, casado con Edda, hija de Benito Mussolini.

A falta del Duce, su hija y su yerno hicieron los honores oficiales en aquella recepción. Pero la controversia sobre si Disney y Mussolini llegaron a conocerse no se ubica en la puerta de ese cine sino en Villa Torlonia. Si se atiende al relato de Romano Mussolini, cuarto vástago del dictador, Disney los visitó en aquella mansión que su padre acabaría convirtiendo en búnker.

Serata di gala in onore di Walt Disney.

Giornale Luce B0718 del 1935 Descrizione sequenze:fotografia di Walt Disney, creatore di Topolino ; disegni del famoso cartoon ; il cinema Barberini, sede della serata di gala ; gli invitati alla serata ; arrivo di Walt Disney e signora ; Il ministro per la Propaganda e Stampa e la Contessa Ciano Mussolini presenziano la cerimonia ; Archivio Storico Luce http://www.archivioluce.com .

Se lo contó en 1995 al periodista Francesco De Giacomo en IF, una revista especializada en cómics. En ella no solo habla de la pasión que sentían en su casa por las novelas gráficas, también relata la visita del dibujante y el regalo que les llevó a los más pequeños de la casa: “Fue recibido por mi padre y en esa ocasión nos dio a Anna y a mí un enorme Mickey de madera.”

Romano, que entonces tenía ocho años, se casó más tarde con María Scicolone, hermana de Sophia Loren y autora de A tavola con Il Duce (En la mesa con el Duce), un libro en el que además de explicar que al líder fascista le gustaba mucho el ajo también desgranaba la anécdota que le contó su marido. En esas páginas explica que su suegra, Rachele, preparó aquella tarde un pastel para agasajar a su invitado y que a Disney le gustó tanto, que le pidió la receta y decidieron llamarlo “Torta Topolino”.

Romano Mussolini, junto a su padre

PAPELES CONTRA RECUERDOS:

Didier Ghez no niega aquel encuentro tuviera lugar. Lo que niega el autor de Disney’s Grand Tour: Walt and Roy’s European y uno de los mayores expertos en la vida y la obra de Disney es que allí estuviera el Duce. Según explica al sitio Vanity Fair, una de las razones que le hace pensar así es que no hay registro de ese encuentro en la agenda oficial del mandatario. Al recordarle que todas las fuentes dicen que fue una visita privada, aporta la reconstrucción que hizo confrontando los eventos a los que acudieron los Disney y Mussolini para demostrar que no hubo hueco para que coincidieran.

La única posibilidad, dice, habría tenido lugar el 20 de julio de 1935. Ese día, un telegrama de Luigi Freddi, periodista y responsable de la política cinematográfica del régimen fascista, confirmó a Walt Disney que se vería con el yerno de Mussolini a las 5.30 de la tarde. Ghez cree que lo que pasó fue lo siguiente: quedaron en el Ministerio de Propaganda y luego les pidió a Walt y Roy que le acompañaran a casa de su suegra para recoger a Edda.

“Allí, los Disney se habrían reunido con la esposa de Mussolini, así como con el hijo, Romano, y con las hijas, Edda y Anna Maria. Desde allí, Ciano y Edda probablemente condujeron a Walt y Roy a su hotel, ubicado en Via Vittorio Veneto, 125, a seis minutos en coche de Villa Torlonia, para recoger a Lillian y Edna”. Después de una cena en el restaurante Alfredo, dice Ghez, las tres parejas fueron juntas al Barberini, y no hubo hueco para ver al Duce en ningún momento, pues otros compromisos que sí aparecen en su agenda le habrían impedido llegar a tiempo a casa para encontrarse con ellos.

Il Duce, Benito Mussolini durante un discurso.

El experto explica al sitio VF que dedicó 18 meses en llegar a esta conclusión. ¿Cómo explica entonces la versión de Romano? Como un caso de “realidad alternativa”, un proceso por el que los críos habrían escuchado anécdotas al respecto, las habrían mezclado y habrían acabado asumiendo que ese día su padre también estaba en casa.

Hay otras dos pruebas que usan quienes creen que Walt y Benito comieron torta juntos. Una es la foto que el dirigente le dedicó de su puño y letra al dibujante. El retrato es obra de Carell y en él se puede leer: “A Walt Disney, con cordiales saludos y felicitaciones”. Para Ghez, es un formalismo propio de un dignatario, no la frase de un hombre que ha conocido a otro personalmente. También aventura cuándo lo recibió el americano: “En una recepción organizada en su honor por el ministerio de Propaganda en el Hotel Ambassador, el 21 de julio”.

EL TESTIMONIO DE ROY

La otra prueba que refuta Ghez son los recuerdos de Roy Disney. Michael Barrier recoge en The Animated Man: A Life of Walt Disney una entrevista que concedió en 1967 al periodista Richard G. Hubler. “¿Sabes? Tiene una oficina realmente grande. (…) El tipo que nos condujo hasta él llevaba unos zapatos italianos que sonaron ‘ñic, ñic, ñic’ durante todo el trayecto hasta Mussolini. Él estaba allí sentado, con los ojos puestos en nosotros y sentado en la sombra. Al sentarte en la silla, te sentías como delante de un foco. Pero fue muy agradable y muy cordial”. Así recordaba el encuentro que él y Walt habrían tenido con Mussolini.

“El caso de Roy es mucho más desconcertante. La única explicación que tiene sentido, desde mi punto de vista, es que recordara la reunión con el yerno de Mussolini y pensara que era una reunión con Benito Mussolini”, argumenta Ghez. También añade que esa entrevista tuvo lugar en el final de la vida de Roy, dando a entender que quizás confundiera los recuerdos.

En su libro, Barrier da por buenos los recuerdos de Roy y de Romano. Pero al contactar con él, ha explicado al sitio VF que fue un error por su parte y que Ghez tiene razón. No ha dado más explicaciones. Quien da por bueno el encuentro con Mussolini es Leonard Mosley, que también habla en su libro de una visita de los Disney al Papa Pío XI, algo que Ghez atribuye a una invención de la prensa estadounidense, pues no hay registro de esas visitas en los diarios de Edna Disney, ni en los de Roy, “bastante exhaustivos”. Tampoco en la prensa italiana.

LEER CON CAUTELA

En Italia no son tan categóricos, y el experto en cómics y director de la revista Dime Web, Francesco Manetti, no llegó a ninguna conclusión en uno de los artículos que le ha dedicado al asunto. Lo que sí advierte es algo que hay que tener presente cuando se habla de alguien que ha tenido la trascendencia que tuvo, y aún tiene, Disney: leer lo que se dice sobre él con mucha cautela.

Walt Disney en sus últimos años

Por ejemplo, Manetti considera que Disney fue un capitalista atípico: claro que quería ganar dinero, pero también estaba dispuesto a perderlo. “A lo largo de los años se arriesgó a la quiebra varias veces para perseguir sus sueños, antes y después de Mickey.” El experto considera que uno de esas visiones escoradas es la de Marc Eliot en Walt Disney, Hollywood’s Dark Prince, basado en declaraciones de Art Babbitt, uno de los principales animadores de Disney y creador de Goofy que apoyó una huelga de empleados en 1941. “No desaprovechó ni una ocasión para atacar a su ex amigo”, apunta Manetti.

Esa precaución, Ghez dice aplicarla con documentos. “No siempre, pero a menudo, son más fiables que los recuerdos”, asevera al sitio VF e insiste en que él también creía que aquella reunión había tenido lugar cuando inició una investigación que contó con el apoyo de Diane, la hija de Disney. También tuvo el beneplácito de la compañía para publicarlo.

Ghez no ha sido el primer biógrafo aprobado por la factoría para contar la historia del hombre que nació en un municipio llamado Hermosa y se convirtió en el rey de la animación en todo el mundo. Solo un año después de la muerte de Walt, la familia contrató al ya citado Richard G. Hubler para que relatara su vida y su obra. La entrevista donde Roy explica la visita a Mussolini formaba parte del material de ese libro, que nunca vio la luz. “Lo entregué para que hicieran las correcciones y/o las deserciones”, indicó Hubler con ironía años después de haber entregado el manuscrito a la familia. Lo cobró, pero la respuesta que le dieron la resumió así el periodista: “Todo lo que obtuve fue silencio.”

EL AMOR DE MUSSOLINI POR LOS CÓMICS

Manetti no llegó a ninguna conclusión pero aportó argumentos que darían sentido a una reunión entre el creador americano y el líder fascista. Una es la relación que tenía Mussolini con el cartoon. “El amor por el cómic internacional, fomentado por la familia Mussolini, se dirigió sobre todo a las aventuras clásicas y los productos de Disney”, dice Manetti. También él habla de Romano, el hijo pianista de Mussolini, que adoraba las revistas de Flash Gordon, Popeye y “Topolino” y que obtuvo su carné “Amigo de Mickey Mouse” en 1936, un año después de la supuesta visita.

Ese interés venía de su padre: Benito Mussolini conocía los cómics y su poder, pues a pesar de encabezar un régimen en el que las palabras grandilocuentes tenían mucha importancia, también conocía el peso y la potencia de la imagen. Por eso contrató a Luigi “Liberio” Pensuti, que creó una película de animación para una campaña contra la tuberculosis promovida por el gobierno.

Pensuti fue el autor de los cortos de dibujos que se proyectaban en los años 30 en los cines italianos antes de cada película. La envergadura de su obra no se conoció hasta hace cinco años, cuando un donante anónimo cedió sus cintas a la Cineteca de Milán, el Istituto della Luce y el Cinema Ritrovato de Boloña. Así pudo verse el trabajo de un hombre que entre el nombre y el apellido se colocó la palabra “liberio” para recordar sus ideales anarquistas.

Il Dottor Churkill (1941)

NOTE: This video was made for the sole purpose of informing and preserving history. All ideas expressed by this material are only part of its historical context. Nazi ideas or any other similar position are totally rejected by the person who uploaded this video.

Uno de los cortos de Luigi “Liberio” Pensuti

Pero Pensuti, que en su juventud como marionetista se había enfrentado al fascismo, llegó a ser director del Istituto della Luce con Mussolini, que lo sacó del cargo cuando él se negó a sacarse el carné del Partido Fascista. Se le conocía como el “Walt Disney italiano”, y era admirador del estadounidense, aunque al contrario que él, nunca diseñó animales antropomórficos, algo que habría aplaudido Rafael Sánchez Ferlosio, el mayor crítico en España del creador americano. Lo acusaba, entre otras cosas, de simplificar la naturaleza. “No contentos con presentárnosla dopada y disfrazada, se la hace incluso hablar… a ella, que es el silencio por antonomasia.”

Pero también es eso, información mascada y digerida, lo que le gustaba a Mussolini de aquellos cómics que en los años 30 editaban sin parar sellos como Nerbini y Mondadori. Cómics que antes de ir a imprenta, eran aprobados por el régimen. Cómics que en ocasiones ni siquiera decían lo mismo que el original. Así se adivina en las Lezioni americane de Italo Calvino, donde recuerda su experiencia con aquellas revistas que leía cuando era un niño de camisa negra: “Estaba claro que el que traducía no tenía la menor idea de lo que había en los globos del original, porque no entendía el inglés o porque trabajaba en dibujos animados ya rediseñados y silenciados.”

Disney regaló un Mickey como este a los niños Mussolini.

LAS RAZONES DEL ENCUENTRO

A Mussolini le interesaba el cómic, como le interesaba cualquier medio de comunicación de masas y por eso también le interesaba Hollywood. Su relación con aquel mundo de brillos y estrellas era, como en tantas otras cosas lo era su régimen, ambivalente. “Los fascistas tenían sus ojos en Hollywood, que había sido descrito por el hijo del Duce, bombardero y cineasta, Vittorio Mussolini, como el ‘centro de la agitación política contra la idea fascista”, explica Esther Leslie en Hollywood Flatland: Animation, Critical Theory and Avant-garde.

Aun así, añade la autora, Blancanieves y los siete enanitos no solo reventó la taquilla americana también lo hizo en Roma cuando se estrenó, a finales de 1938. Incluso Ghitta Carell, la autora de los retratos de los dos hombres en cuestión, bebía de esa fuente para dar una imagen glamourosa, un tanto edulcorada, de los personajes clave del fascismo italiano, por eso no extraña que ella quisiera conocer a Disney y retratarlo, como no extraña que Mussolini también tuviera interés en verse con él.

Sobre todo teniendo en cuenta que cuando el 26 de noviembre de 1938 el régimen fascista prohibió la publicación de cómics estadounidenses, el único que se salvó fue el ratón Mickey, al parecer, por decisión de Mussolini. Aguantó hasta 1942, cuando Italia ya estaba involucrada en la Segunda Guerra Mundial y el ratón americano fue sustituido por Tuffolino, una copia creada por Federico Pedrocchi y Pier Lorenzo De Vita.

Pero también Disney fue ambiguo a su manera. De él, dice Barrier en su libro, de manera un tanto complaciente, que el oscurantismo que Walt Disney y la familia han aplicado a algunos episodios de su vida son fáciles de entender: “Solían implicar la deslealtad de un empleado.” Pero además del silencio, Walt usó otras estrategias para capear cuestiones y personas espinosas. El modo en que manejó su encuentro con Leni Riefenstahl es un ejemplo.

NEGANDO A LENI

El 4 de noviembre de 1938 un crucero de lujo llamado Europa llegó al puerto de Nueva York. Riefenstahl bajó de él con una única maleta. En la etiqueta identificativa, un seudónimo: Lotte Richter. Dentro, tres copias de Olimpia, la cinta que grabó sobre los Juegos Olímpicos de 1936 celebrados en Berlín.

La cineasta favorita de Adolf Hitler definió el viaje como de vacaciones, pero lo pagó el gobierno alemán. Viajó, entre otras cosas, para buscar distribuidora aunque lo que encontró al llegar a California fue un anuncio de la Liga Anti Nazi en el Hollywood Reporter: “No hay sitio en nuestros despachos para los agentes nazis”. Solo Walt Disney la recibió.

La visita incluyó una visita de tres horas por los estudios de la mayor factoría de animación del mundo, pero tres meses después, como recuerda Esther Leslie, Disney diría a la prensa que había atendido a la alemana sin saber quién era. De desenmascararlo se encargó ella misma al recordar que se habían conocido un año antes. Fue en el Festival de Cine de Venecia, donde él presentó seis películas a concurso. Y hubo buena sintonía: “Él tiene esa emoción alemana… por eso usa nuestras fábulas y nuestros cuentos de hadas”, añadió ella después de ser negada por Walt Disney, quien no dijo una palabra sobre la visita que hizo en 1935 a la familia Mussolini.


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Casielles estrenó “Proyecto C”, un late night argentino contra la soberbia del poder

Eugenio Casielles eligió la noche del domingo y un terreno ajeno a la televisión tradicional para lanzar su nuevo proyecto. A las 22, el diputado de la Ciudad estrenó “Proyecto C”, un programa con formato de late night a la argentina que en su primera emisión apuntó sin rodeos contra Javier Milei y su círculo más cercano.

La soberbia fue el hilo conductor del debut, abordada como un rasgo personal del Presidente y también por el impacto que tiene sobre la política. Para desarmar el tema, Casielles convocó a los comunicadores e influencers El Presto y Álvaro Zicarelli, además de Kevin Grunbaum, analista en comunicación que se ocupó de medir el nivel de soberbia que atraviesa hoy a la dirigencia.

El conductor abrió el programa con definiciones duras sobre la actitud del jefe de Estado y la falta de credibilidad de sus anuncios. Junto a sus invitados repasó la reciente comunicación del Gobierno sobre Malvinas, y la mesa llegó a una conclusión categórica: “A Milei no le importa la soberanía del país”.

La soberbia: ¿siempre tenemos razón? | Proyecto C #01

La soberbia se sienta a la mesa. Eugenio Casielles presenta el primer capítulo de Proyecto C con El Presto, Álvaro Zicarelli y Kevin Grunbaum. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que podemos estar equivocados? ¿Escuchamos para entender o solamente para tener razón?

Sobre esa línea, Casielles planteó si un admirador de Margaret Thatcher está en condiciones de defender los intereses nacionales en el Atlántico Sur. Para sostener la pregunta recordó actos de campaña en los que Milei no quería que se cantara el himno ni que se exhibieran banderas de las islas, y remató con una frase que dejó flotando sobre el estudio: “no es el primer presidente que trata de prostituir una causa para ganar las elecciones”.

Entre las secciones fijas del ciclo sobresale la “Carta al presidente”, un espacio en el que el legislador le habla directamente a Milei. En la primera entrega, el mensaje fue claro: “Recordá que no sos la Argentina. No sos la República. Sos un empleado al que ‘contratamos’ durante un tiempo para una responsabilidad enorme”.

Casielles se permitió además un pasaje de tono irreverente, en el que colocó al mandatario frente al paso del tiempo y a figuras centrales de la historia nacional: “Javier, no sos indispensable, este país vio pasar a hombres como Sarmiento, Roca, Rosas… Todos pasaron. La única que siguió en pie fue la Argentina”.

La propuesta de “Proyecto C” se apoya en la idea de hablar sin filtros e incomodar cuando haga falta. Con un formato que se aparta del molde de los programas de actualidad, el ciclo promete sumar en cada edición una rotación de invitados picantes que alimenten la discusión.

El Vaticano publicará los apuntes íntimos que Francisco escribió durante más de tres décadas

Casi nadie en el Vaticano sabía que existía. Jorge Mario Bergoglio llevó apuntes personales desde el 20 de diciembre de 1992 hasta el 18 de agosto de 2024, y ese material llegará a las librerías en un volumen que la Santa Sede anunció este lunes y que causó gran sorpresa puertas adentro.

La Libreria Editrice Vaticana (LEV), la editorial de la Santa Sede, lo definió en un comunicado como “un texto de excepcional valor e importancia para conocer aún más la persona del Pontífice jesuita” que guió a la Iglesia católica desde el 13 de marzo de 2013 hasta su muerte, el 21 de abril de 2025. El libro tendrá unas 160 páginas y se editará en italiano por LEV, en español, inglés y portugués por las respectivas sedes de Penguin Random House, y en francés por Editions Albin Michel.

Su autor es uno de los hombres más cercanos al Papa argentino. Fernández, teólogo cordobés de 64 años y autor de diversos libros, fue la única persona de confianza de su misma nacionalidad que Francisco llevó a la curia romana. Lo hizo en julio de 2023, cuando lo nombró prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio, el “ministerio” vaticano que se ocupa de salvaguardar la ortodoxia católica. En esta obra, el cardenal reunió las anotaciones, las editó y las comentó.

El arco de tiempo que cubren es muy extenso. Arranca meses después de mayo de 1992, cuando Bergoglio fue designado obispo auxiliar de Buenos Aires tras su período de “exilio” en Córdoba, adonde había llegado luego de ser un cuestionado superior de los jesuitas. Sigue por sus años de arzobispo porteño, con su designación como cardenal por parte de san Juan Pablo II en febrero de 2001, el mismo año de la terrible crisis argentina. Y alcanza los dos cónclaves en los que participó y buena parte de su pontificado.

— El cardenal Víctor Manuel “Tucho” Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y autor del libro

Penguin Random House, en su ficha de venta, prometió “una extraordinaria mirada a la mente del papa Francisco a través del diario personal que llevó durante sus años en el Vaticano, expresando sus esperanzas y temores más íntimos, luchas y oraciones”. La edición en inglés fue traducida del original en español por la hermana Bernadette Reis.

“Estamos muy honrados de publicar este texto del cardenal Víctor Manuel Fernández que presenta al público el Diario del Papa Francisco”, afirmó Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio para la Comunicación. A su juicio, el libro podrá ser apreciado por lectores de todo el mundo y permitirá “conocer aún más la interioridad del Pontífice argentino”.

Lorenzo Fazzini, responsable editorial de LEV, enmarcó el lanzamiento en la tarea de la casa, que está “al servicio de la difusión de las palabras de los Papas a nivel internacional”. Recordó que este año la editorial publicó Libres bajo la gracia, con escritos de Robert F. Prevost, hoy papa León XIV, de cuando era Prior General de los Agustinos, ya editado en varios idiomas. Y se declaró complacido de poner pronto a disposición de los lectores “estas páginas personales del Papa Francisco presentadas en un libro redactado por uno de sus más cercanos colaboradores”.

La aparición del diario contrasta con lo que el propio Francisco había anticipado en 2024. En El Sucesor, mis recuerdos de Benedicto XVI, el libro-entrevista que hizo con el periodista español Javier Martínez Brocal, le preguntaron si pediría en su testamento que se quemaran todos sus papeles, como hicieron Juan Pablo II y Benedicto XVI. “No, no, ya me ocupo yo de adelantar ese trabajo”, contestó.

El calendario también suma un dato. El libro saldrá una semana después del primer viaje de León XIV a la Argentina, previsto del 6 al 17 de noviembre, con paso previo por Uruguay y posterior por Perú. Antes, LEV lo presentará a los editores internacionales en la Feria del Libro de Fráncfort, del 7 al 11 de octubre.

Francisco, que concedió decenas de entrevistas, publicó en vida obras como El nombre de Dios es misericordia y la autobiografía Esperanza. Murió a los 88 años.

HUMOR por Argüelles​

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