“No sé por qué no vino ningún kirchnerista, pero estamos en la Catedral, puede venir el que quiera, tal vez no quieran homenajearlo a (José Ignacio) Rucci”, lanzó en septiembre de 2010 el sindicalista José Luis Barrionuevo. Mostraba, por aquel entonces, una postura crítica con el Gobierno de Cristina Kirchner.

Continuó diciendo: “El primero que dijo que se trataba de un crimen de lesa humanidad fue Hugo Moyano, pero después parece que lo apretó Kirchner, y se corrió de los homenajes”. Y agregó que “Para los kirchneristas, Rucci es como la cruz para los vampiros, salen corriendo para el otro lado”.

La figura del sindicalista estrella de Juan Perón, quien fuese secretario general de la CGT desde 1970, es sagrada para el peronismo de centro a de derecha. Las violentas internas políticas de la época tuvieron como desenlace el asesinato de tan querido dirigente a manos de Montoneros, agrupación de extrema izquierda subversiva que reconoció (y presumió) la autoría de los hechos dos años después en la edición número 5 de la revista Evita Montonera.

Aquellos sindicalistas opositores al Gobierno K, Barrionuevo entre ellos, hicieron un pacto: Jamás apoyar a los asesinos de Rucci ni a sus socios políticos.

De ese pacto explota la furia de aquellos síndicos con Barrionuevo, quien pasó de presumir los mates que le cebaba al asesinado dirigente a estrechar postura con el kirchnerismo, dogma profundamente montonero, alejado de los ideales del ex secretario general de la CGT.

Las críticas de Barrionuevo a la actual gestión mermaron desde el millonario salvataje a los gremios que el Gobierno Nacional giró en diciembre de 2020: Del total de $334 millones, un tercio ($113 millones) fue asignado a la obra social de Gastronómicos a nivel nacional.