El pasado 28 de agosto de este año se generó una protesta diplomática por el entonces canciller, Felipe Sola. La misma, se debió a que Chile actualizó su Carta Náutica N 8, alegando así cómo propias 200 millas al extremo sur del país. El problema se debió a que la zona que reclamaba el país vecino es reconocida cómo soberanía de Argentina y de cumplirse su reclamo se apropiaría de una parte muy importante de la plataforma continental.

Si se analiza la jurisprudencia anterior se debe de recordar el Tratado de Paz y Amistad de 1984, firmado durante la presidencia del entonces presidente Raúl Alfonsín. En este tratado se establecieron los límites en disputa y se evitó el conflicto con el país andino. En ese momento, por medio de un plebiscito, 10 millones de argentinos votaron a favor de mantener una paz y aceptar los límites propuestos por Chile.

No obstante, el pasado 16 de diciembre, el presidente Sebastián Piñera, anunció que en enero Chile se presentará ante la ONU para intentar reclamar por medio de un informe la plataforma continental, extendida al oeste de la Península Antártica, en la región del Mar de Bellingshausen y la zona de la Fractura de Shackleton. El problema es que, ante el posible avance de la soberanía chilena, podrían llegar a ser más las áreas marítimas ricas en recursos que reclame el país vecino. Por si fuera poco, este reclamo en la ONU se producirá un mes antes que termine el mandato de Piñeira cómo presidente.

Ahora bien ¿Cuál sería la manera correcta de proseguir en estos casos? En pos de evitar sanciones internacionales, se debería de llevar adelante una negociación en concordancia con el Artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas: “Las partes en una controversia cuya continuación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección”. De todos modos, se debe de percatarse que ante los avances chilenos de soberanía se podría llegar a producir un conflicto diplomático entre los dos países, o incluso podría llegar a peores, cómo en el pasado donde los límites con este país casi desembocan en un conflicto armado.



Lautaro Furundarena
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