La patota de hombres que atacó a un estudiante universitario en Quilmes dijo actuar en nombre de la intendente Mayra Mendoza. «No fue el único ataque que sufrí desde que me fui de La Cámpora, me fui del espacio cuando Mayra me estafó cuando era su asesor», relató la víctima.

«Un estudiante universitario y militante de Quilmes, Oscar Agustín Alejandro Miranda, fue víctima de un brutal ataque ayer por la noche: fue golpeado, insultado, asaltado y abusado por un grupo de hombres. Lo más grave es que, tal como consta en la denuncia, los criminales habrían actuando en nombre de la intendenta del Frente de Todos, Mayra Mendoza.» informó RealPolitik.

La víctima estaba tomando una cerveza en un bar de Quilmes y un grupo de hombres comenzó a atacarlo de la nada, propinándole insultos por su condición sexual.

«Pensé que era el folcklore político, porque milité para Cambiemos pero también trabajé para Mayra, fui uno de sus asesores cuando era diputada», contó.

«Cuando cruce la plaza de las Madres un grupo se me acercó y me pusieron un arma en la cintura. Eran más de cinco pero menos de diez, sabían muy bien lo que hacían, pero lo que me preocupa es lo que me decían que me calle la boca, que era un bocón, que me iban a hacer boleta», relató Miranda.

Luego, lo llevaron a un rincón más pegado a las vías y allí abusaron de él, diciéndole que deje de hablar de la intendente. Tras hacer la denuncia y recibir el protocolo de violación, la policía forense comprobó que la víctima  había sufrido un abuso.

«No fue el único ataque que sufí desde que me fui de La Cámpora, me fui del espacio cuando Mayra me estafó cuando era su asesor, me sacó 20 mil pesos para la organización y cuando me alejé de la militancia en Quilmes me hicieron un apartheid en la organización y en la facultad», explicó Miranda, que estudia en la Universidad Nacional de Quilmes.

En este marco, la víctima cree que lo que le hicieron fue una forma de persecución política por su trabajo de militancia y porque él conoce mucho del espacio político y de la intendenta…

«Yo llegue a comer en la casa de ella, sé que decía -a este hay que apretarlo-, -a este también-, -a este local hay que escracharlo-«, manifestó la víctima.

Por Rafael Garduño

Jefe de Redacción

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