Horas atrás, el ahora ex canciller Felipe Solá publicó en las redes sociales una foto de su regreso desde el avión. “Sobrevolamos Guatemala en el regreso desde México. Aprovecho para agradecer la calidez y profesionalidad del capitán y la tripulación del Fokker F28 de la Fuerza Aérea Argentina que nos llevó y nos trajo de vuelta”, aseguró.

La publicación de Solá, que tuvo la intención de traer algo de calma en medio de la tempestad, despertó nuevas polémicas. Al haber renunciado, por pedido del gobierno, a su cargo de funcionario nacional, se discute si fue apropiado que vuelva a utilizar un avión de la Fuerza Aérea. Siendo un turista más, ¿no debiera acaso haber aguardado su turno como el resto de los argentinos?

Otra consulta que inundó las redes gira en torno al aislamiento. Como canciller, Solá formaba parte de los funcionarios “esenciales” del gobierno y, por ello, no tenía la obligación de cumplir con las medidas vigentes. Actualmente, quienes ingresan al país deben realizarse un test de PCR al arribo y mantener un aislamiento de siete días, luego de los cuales deberá practicarse un segundo test, que debe dar negativo. Dirigentes de numerosos ámbitos políticos pidieron que Solá, que ahora es un ciudadano argentino más, lleve adelante todos los protocolos de seguridad sanitaria correspondientes.

El despido del ex canciller Felipe Solá no pudo haber sido más desprolijo. El jueves de la semana pasada tomó el avión oficial que lo trasladó a México en plenas funciones de su cargo, dispuesto a participar de la Cumbre de la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Cuando bajó del avión, sin embargo, era un turista más.

En pleno vuelo llegó la llamada de Santiago Cafiero anunciándole que quedaba afuera del ejecutivo. La reacción de Solá no fue buena, y luego de varias protestas preguntó quién lo iba a reemplazar: “Yo”, respondió el hasta entonces jefe de Gabinete nacional.

Abochornado, Solá llegó a México pero decidió no participar de la Cumbre de la CELAC, a pesar del pedido del gobierno de Alberto Fernández. Se limitó a saludar al canciller mexicano Eduardo Ebrard y luego se retiró a su hotel. Huérfano de canciller, la improvisada comitiva terminó siendo representada por el subsecretario de Asuntos de América Latina, Juan Carlos Valle Raleigh, quien leyó el discurso que había preparado Solá.

El viaje fue un rotundo fracaso, apenas simulado por la feroz crisis política por la que atraviesa el país. Luego de que Alberto Fernández fallara en su intento por presidir el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), su deseo era obtener la presidencia pro témpore de la CELAC, una suerte de “mimo” en un momento de tanta debilidad.

El faltazo de Solá lo dejó con las manos vacías.

*Fuente: REALPOLITIK