Desde el inicio de su mandato, el presidente se vio profundamente deteriorado por «la enfermedad del Poder». Los diversos incidentes políticos ocurridos en su gestión, canalizados en dichos y acciones de gente de su gabinete, deterioraron severamente la salud del funcionario de más alto rango del país.

A finales de octubre de 2019, una foto capturada en Tucumán puso en boca de los ciudadanos que, tras verla, cuestionaron su estado. En la imagen puede verse a un Alberto desvanecido, cansado y deteriorado por las demandas que exigen una campaña presidencial.

Incluso, durante junio de ese año, el entonces candidato fue internado en observación en el Sanatorio Otamendi debido a una intensa tos que le preocupaba. Los resultados de ese estudio arrojaron la presencia de una inflamación pleural (membrana que cubre los pulmones) que podría corresponder a una obstrucción arterial subsegmentaria. En criollo: un coágulo.

Este hecho se habría originado por un descuido a la hora de tomar su medicación: una droga anticoagulante que le prescribieron hace trece años (cuando sufrió un coágulo en el pulmón) y que toma todos los días para prevenir la formación de nuevas formaciones.

Pasado el tiempo (2020-2021) en todas sus fotos se le notan unas grandes ojeras, generadas (según los especialistas) por el cansancio y el estrés.

Esto puede apreciarse, por mencionar un ejemplo reciente, durante su disertación en México. El estado con el que se presentó Alberto fue uno de los temas de la semana. Ojeroso, despeinado, mal arreglado y confundiéndose las palabras. Cabe destacar que el mandatario se dedicó de lleno al «quilombo» político nacional (vacunados VIP), en un lugar donde no era apropiado. Por momentos pareciera que se mantiene de pie por inercia, y que no es capaz de hilar palabras, mucho menos de mantener una coherencia en lo dicho.

Diversas personalidades de la política, sobre todo sus «aliados», cuestionaron duramente la salud del mandatario. Hace semanas, Eduardo Duhalde dijo a Clarín que: «Alberto no está bien, no se puede gobernar así (…) No hay psiquis que aguante tantos golpes diarios. Uno no se da cuenta que es demasiado el esfuerzo psíquico para un gobernante».

Durante el año pasado, las declaraciones del expresidente fueron incluso más contundentes al mencionar que Alberto Fernández está «grogui como lo estaba De La Rúa».

Si bien es lógico que semejante cargo acumule estrés, la imagen deteriorada dada por el presidente, por lo menos, preocupa. No solo a los suyos, sino a una gran parte de la sociedad argentina.


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