El Intendente de Río Gallegos, Pablo Grasso, lleva 14 meses en la función y hoy sacó un denominado “Plan de bacheo”, que consiste en rellenar con un poco de asfalto caliente, los innumerables pozos que dejan a la capital de la provincia como un verdadero “kosovo”, situación que cabe recordar, no es nueva, proviene de hace varios años y durante los 4 del anterior intendente Roberto Giubetich no se hizo nada al respecto. Pero a más de un año de la gestión de Grasso, tampoco. Sin embargo hay factores político que impulsan al intendente a hacer relevante lo poco que hace, para generar una ola optimista que oculte la ineficiencia y la posible corrupción en la que incurre la actual administración municipal.

Pablo Grasso ha aumentado todos los impuestos entre un 100% como la patente automotor hasta un 300% pasando por una gama muy variopinta de impuestos inmobiliario, tasas por barrido, limpieza y alumbrado, etc. Sin duda, la falta de fondos para sostener el sumidero en que se ha transformado el municipio con más de 4.000 empleados, un déficit enorme y una falta de capacidad para recaudar, hace que el intendente recurra a los bombos y platillos para anunciar que tapan “250 pozos de los 4.000 que dejó heredados la gestión anterior (Roberto Giubetich)”, dijo el Secretario de obras Públicas, Lucas Otín, en Lu12, aunque aclaró (tal vez por vergüenza) “el objetivo es avanzar con obras que ya están pagadas por los vecinos”… ( a confesión de parte…).

Pablo Grasso lleva 14 meses al frente de la municipalidad y ha iniciado obras de todo tipo, la mayoría sin prioridad, como el edificio de monitoreo, el ensanchamiento de la avenida San Martín, justificación necesaria para (entre otras cosas) facturar y sacar el monumento al General Roca, etc. Sin embargo, lo más acuciante para los vecinos, como era transitar por las destruidas calles de Río Gallegos, fue postergado hasta hoy, cuando por razones exclusivamente políticas, ante el acercamiento de las elecciones de medio tiempo en octubre de este año, el intendente decidió rellenar los pozos para no recibir las maldiciones de quienes rompen sus autos en las zanjas y huecos que se reparte en el asfalto roto de calles de la ciudad.

En la nota del LOA de hoy deslizan una confesión ineludible: “Con el paso del tiempo, el mal estado en el que se encuentran las calles en Río Gallegos se ha convertido en un tema político prioritario para quienes se están a cargo del municipio”, en este párrafo, el diario lo dice todo: es hoy para Pablo Grasso una cuestión política, porque si no toma alguna acción al respecto, el mal humor de la gente se puede traslucir en un voto menos. Esto incluye al diputado por el pueblo Eloy Echazú, alguien a quien no se lo conoce, precisamente, por representar los intereses de la ciudad en la legislatura, sino por obedecer lo que imponen desde el Ejecutivo. Esto y no otra cosa, mueve al intendente a generar esta aparente preocupación por el bienestar de los riogalleguenses, cuando en realidad el “Plan de obras”, presentado por Otín, consiste en tirar un poco de brea caliente con granilla en pozos que, con el correr de los días, vuelven a aparecer porque el “remiendo” solo adhiere temporalmente al suelo, pero al no estar ligado al cuerpo del asfalto/pavimento viejo, se desprende con el tránsito continuo.

Lo interesante de escuchar al Secretario de Obras es apreciar con qué desparpajo se monta en el relato y trata de salvar las pilchas de Pablo Grasso, como si hicieran una semana que hubieran asumido. Dijo, por ejemplo, que “heredó una ciudad con mucho abandono” y es cierto. Nos cansamos desde este mismo espacio (OPI Santa Cruz) de decir y denunciar la desidia del intendente Giubetich, como antes de la de Cantín y así sucesivamente, pero Otín y Grasso, hace 14 meses tienen a su cargo la administración, con lo cual todo lo que pasa hoy y ellos no han arreglado, es parte de su responsabilidad y no cabe, para nada, que como hacen los Fernández a nivel nacional, sigan mirando por el espejo retrovisor para culpar a Macri por lo que ellos no puede o no saben hacer.

Como siempre ocurre en estos casos con el FPV, los funcionarios en vez de hacerse cargo y trabajar para resolver los problemas, se transforman en diagnosticadores crónicos. Dicen lo que pasa, lo que se debe hacer, pero no lo hacen. Por otro lado ante el aumento indiscriminado de las tasas municipales y las patentes, a fin de que no se generen atrasos, la gente concurre a las oficinas habilitadas del municipio para pagar, lo que no se puede hacer vía on-line. Esto trae aparejado largas colas con personas quejándose de haber tenido que esperar hasta tres horas para abonar el impuesto. En la ex UNpa, dos empleadas en un recinto con un ventilador, atienden y hacen planes de pagos, sin que desde el municipio se decidan a habilitar gimnasios con más espacio y más empleados municipales de los tantos que no cumplen funciones. El sindicato, tampoco ha advertido nada de lo que ocurre, porque no ha generado ningún reclamo hacia el intendente.

*Fuente: Agencia OPI Santa Cruz


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