Tras la pandemia, se hizo visible la problemática del costo de transporte marino, la alta demanda derivada de la recuperación económica y la falta de bodegas disponibles provocó una disparada en los precios y, como resultado, Argentina es uno de los grandes afectados.

El cierre de una terminal en Ningbo-Zhoushan (China), el tercer puerto de contenedores con más movimiento en el mundo, agravó la situación. Sumado a esto la congestión de las rutas marítimas que pone en peligro el suministro de insumos en todo el mundo, justo en un momento de creciente demanda de bienes de consumo debido al contexto mundial.

Según un informe del diario británico Financial Times, unos 350 barcos portacontenedores, con capacidad para transportar casi 2,4 millones de unidades de conteiners, esperan turno para carga o descarga en puertos de todo el mundo.

Si bien el precio del transporte marítimo subió en todo el mundo, en América Latina y África fue donde se vio el mayor aumento, principalmente en lo referido a proyectos estacionales o agrícolas.

En materia justamente de agricultura, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) comunicó que el alto costo en flete marítimo de las exportaciones del agro seguirá en los próximos meses. A este aspecto internacional se le suma la problemática situación logística interna derivada de la bajante del río Paraná. Se espera que durante el segundo semestre los costos se trasladen a embarques nacionales.

La BCR proyectó un sobrecosto cercano a los 2.500 millones de dólares. Este cálculo es en base a lo ya exportado y se espera exportar en la campaña 2020/21, con la suposición de que los precios se mantengan a lo largo de toda la campaña comercial.