Domingo Cavallo | “La tensión social podría ser mayor al Rodrigazo, la híper del ‘89 y el 2001”

Hizo un preocupante y desesperanzador pronóstico para la Argentina de cara al año próximo.
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Hizo un preocupante y desesperanzador pronóstico para la Argentina de cara al año próximo.

Domingo Cavallo, el exministro de Economía del menemismo analizó el contexto económico y social del país y publicó en su blog personal un artículo que se titula: “No hay elementos que permitan esperar un mejor clima económico y social en 2021” y brinda un análisis pormenorizado de la situación actual.

El escrito comienza diciendo que “en una economía con las reglas de juego que se fueron cristalizando durante los últimos 20 años en Argentina y en una coyuntura como la actual, conducir la política económica con acierto es un desafío muy difícil para cualquier gobierno, incluso para uno políticamente cohesionado, con un diagnóstico correcto de la situación y con un equipo económico con buen nivel profesional, capacidad de trabajo coordinado y experiencia relevante de gestión”.

Luego, Cavallo disparó uno de sus dardos y afirmó: “El gobierno de Alberto Fernández no dispone de ninguno de esos atributos, así que no es sorprendente que su política económica sea una sucesión interminable de torpezas”.

“La última y hasta aquí, más grave torpeza, fueron los cambios producidos en el manejo cambiario luego de que se logró cerrar exitosamente la reestructuración ordenada de la deuda. Haber dispuesto que el Banco Central no venderá divisas a las empresas privadas que tienen vencimientos de obligaciones en dólares antes del 31 de marzo del año próximo y la exclusión de las grandes empresas exportadoras al acceso de pre financiamiento de sus exportaciones por parte del sistema bancario local, echó por la borda todo lo que la reestructuración de la deuda pública había significado como mejoramiento del acceso al crédito externo para el sector privado“, remarcó el economista.

Pero su crítica el equipo económico nacional no terminó allí al insistir que “sólo la falta de profesionalidad del equipo económico y el temor al funcionamiento de los mercados libres puede explicar que no se haya optado por circunscribir las ventas de divisas desde el mercado controlado a las importaciones y a los pagos financieros del sector privado por obligaciones contraídas con anterioridad a la imposición del cepo, al mismo tiempo que se habilitara el funcionamiento de un mercado cambiario libre, sin intervención del Banco Central, para todo otro tipo de operaciones, incluidos atesoramiento, turismo, nuevas operaciones financieras y la inversión externa directa”.

Al mismo tiempo, manifestó que el mantenimiento del acceso muy limitado y selectivo del público a la compra de dólares para atesoramiento y turismo, sólo consiguió aumentar el malhumor de la clase media sin que consiga detener significativamente la salida de reservas con esos destinos.

En este sentido, también expresó que “con una organización del mercado cambiario tan deficiente, el intento del Banco Central de absorber con operaciones de mercado abierto o colocación de LELIQs parte de la enorme emisión monetaria que requiere el financiamiento del déficit fiscal, obligará a pagar tasas de interés muy altas y, aun así, no conseguirá acotar significativamente la brecha entre el precio del dólar en el mercado oficial y el contado con liquidación, el dólar bolsa y el dólar blue. Como consecuencia el crédito bancario al sector privado será muy limitado y cada vez más caro”.

En su pronóstico, Domingo Cavallo, fue más allá y adelantó que la inversión del sector privado en capital fijo será prácticamente nula, por lo que la economía enfrentará continuas caídas del producto potencial. “A medida que las empresas puedan reactivarse, necesitarán invertir en capital de trabajo porque habrán quedado con una situación financiera muy desmejorada como consecuencia de meses de inactividad o de actividad muy limitada. Las empresas que no consigan financiamiento o, peor aún, se hayan tornado insolventes, no reabrirán sus puertas y liquidarán sus negocios”, sentenció.

Pero su pronóstico va más, y el economista es tajante con su opinión al expresar que “el humor de la población se seguirá deteriorando y muy pronto ese deterioro se transformará en crecientes y peligrosas tensiones sociales, con manifestaciones en las calles no ya vinculadas a los desmanejos institucionales del gobierno sino al sufrimiento de las familias pobres e incluso de las de la clase media, todas ellas golpeadas por la desocupación y la inflación”.

“Si no se producen cambios importantes en la conformación y funcionamiento del gobierno, la crisis se agravará y la tensión social adquirirá una dimensión incluso mayor que la que se vivió en las épocas del Rodrigazo de 1975, la hiperinflación del 89 y 90 y la crisis del abandono de la convertibilidad en 2001-2002”, cerró su artículo el economista del menemismo.

*Fuente: Periódico Tribuna de Periodistas – Mónica Filippi


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