En diálogo con la periodista Cristina Pérez, el analista político Luis Tonelli sostuvo que “el futuro, por primera vez en muchísimos años, está en duda“. Desde su óptica, la Argentina “no es un problema de un candidato, de un partido o de un gobierno” sino “de gente que gira alrededor de otra gente por conveniencia, por fiaca y porque las cosas son así”.

“Y tenemos que pensar la decadencia. El voto se cuenta y los intereses se pesan. En la Argentina muchas veces esos votos que se cuentan están muy condicionados por la matriz de intereses. Cada uno tiene que poner lo que tiene que poner. De uno depende”, apuntó en Radio Mitre.

A propósito de la revelación de la foto de Olivos, Tonelli consideró que “la palabra presidencial quedó desmentida por sus propios hechos simultáneamente“.

“Entonces ahí se reveló un carácter cínico. ¿Qué es el cinismo? Es decir ‘tenemos que ir para allá porque eso nos va a salvar’ y, en realidad, uno va para el otro lado. El cinismo es la manipulación total. En ese cinismo se hace la retrospectiva y se dice ‘pero este gobierno me estuvo engañando’. ‘Yo creí, yo cumplí, yo sufrí’. Yo no pude ir a mi tío Norberto al velatorio. Finalmente, uno es un ciudadano. Y yo hice las cosas como tenía que hacerlas. El que no hizo las cosas como tenía que hacerlas es el presidente. Justo el que tenía que dar el ejemplo“, observó.

Bajo su perspectiva, las acciones del Gobierno para contrarrestar la indignación ciudadana frente al Olivosgate solo empeoró las cosas ya que “no es un problema de comunicación”. “Acá hay un problema de mentirle a la gente. Esa foto no se arregla con nada. No se maneja con manejo de crisis porque la opinión pública reaccionó como reaccionó”, señaló.

A la hora de analizar el discurso errático del presidente, el cientista político consignó que la estrategia comunicacional de Alberto Fernández “ha sido sembrar dudas e incógnitas y vivir de la ambivalencia”.

“Esto es tan simple que acá no hay intermediarios. Está esa foto y ahí están todos. Seguir con esta lógica de ser bueno, ser malo, gritar, sollozar, todo a la vez, no va más. La gente ya no cree en lágrimas, ni en gritos ni en párrafos farragosos. Admitirlo implicaba toda una confesión de lo que es el presidente. Un hecho tan simple entra en lo más profundo. No era una reunión para tratar un tema global. Era un cumpleaños de morondanga“, contempló.

Según el politólogo, la exhibición obscena de los privilegios en la Quinta de Olivos, que parecía ser inmune a los decretos presidenciales que impedían los encuentros sociales, denota una visión particular del manejo del poder.

“Para alguien que estuvo en el poder, ya el poder es un sinónimo de impunidad. Y cuando sucede eso, las credenciales democráticas y la voz de la autoridad democrática están completamente dañadas. Lo que se reveló es lo impune hasta para lo más simple“, determinó.

A la vez, el docente de la Universidad de Buenos Aires sopesó que el escándalo de la fotografía “es un verdadero cisne negro no porque no pasa continuamente sino por la reacción de la gente“, debido a que “este hecho se podía haber pasado por alto pero se hizo inmediatamente una bola de indignación”.

“La impunidad los llevó a desconectarse. Este es un momento clave porque se produce una hendija en el sistema. Pero la hendija tiene que ser aprovechada por la oposición y tiene que calibrar. Ni tiene que irse de mambo ni tampoco el ‘acá no pasó nada’. Tiene que ir en la justa medida, que es que estamos cansados de la hipocresía”, evaluó.

Por último, Luis Tonelli remarcó que desde la más alta esfera del Estado “clandestinamente, lo privado estaba en contradicción con la voz pública en un momento de emergencia“. “Lo privado tiene que estar en coincidencia con lo público cuando uno tiene un compromiso público”, concluyó el analista.

*Con información de Radio Mitre