*Por: Rafael Garduño

A fines de diciembre del año pasado, la vicepresidente Cristina Kirchner planteó la necesidad de una reforma integral del sistema de salud. «Tenemos que ir a un sistema nacional integrado de salud entre lo público, lo privado y las obras sociales que optimice recursos. La pandemia nos dio la oportunidad de reformular el sistema de salud en tiempo récord, pero es necesario hacer un esfuerzo diferente», sostuvo la mandataria.

«En materia sanitaria debemos reconceptualizar el sistema. La pandemia mostró que algunos lugares tienen muchos recursos que a otros les faltan. Tenemos un modelo concéntrico que debe ser reformulado», agregó.

Los dichos de la vicepresidente encendieron las alarmas de los sindicatos, quienes manifestaron su preocupación por el lugar que tomarían las obras sociales sindicales en ese «nuevo esquema».

Fiel a su estilo, la Fernández vicepresidente esconde un as (político) bajo la manga: Liliana Beatriz Korenfeld, quien podría desembarcar en la Superintendencia de Servicios de Salud. Esta información es la que eriza los pelos de la CGT.

Korenfeld es una ferviente militante K. Sus orígenes se remontan al pasado más oscuro de la década Kirchner. (Por mencionar algunos puntos) Fue peluquera personal de Cristina y su cargo más reciente fue el que la mismísima vicepresidente le asignó en febrero de 2020 como interventora de la obra social del Congreso.

En 1991, Néstor Kirchner la nombró interventora de la Caja de Servicios Sociales de la provincia, ocupó el cardo durante 11 años y jamás presentó un balance. En 2005, al no entrar en la lista de senadores nacionales, viajó a El Calafate, allí fue secretaria de Turismo del intendente K Néstor Méndez. Fundó en esa ciudad la empresa Red Patagónica que, entre 2009 – 2010, emitió casi 50 cheques sin fondo, según informes del Banco Central.

En 2007 asume como diputada nacional, vuelve así a ocuparse de la caja en el Congreso.

Por aquellos tiempos se autoproclamaba como «Montonera del 73» y fuentes cercanas al Gobierno indicaron que, la entonces presidente, la definía como «de confianza y eficiente».

La preocupación en los gremios es tal que se realizó ayer lunes una cumbre de urgencia convocada por la CGT para hacerle contrafuego a la ofensiva de la ex presidente. Korenfeld es de extrema confianza para Cristina, y es recordada por los sindicalistas por pisarles una transferencia de millones de pesos a las obras sociales cuando el sindicalismo se enfrentó a Kirchner en 2012.

«Es por la falta de recursos que dice tener la SSS y las versiones que circulan por el avance del Instituto Patria con un proyecto de cambio del sistema de salud, que incluyen a las obras sociales (…) Lo que no permitiremos es la ideologización del tema. Queremos de parte del Gobierno una mesa de discusión y una transición justa, con criterio de transparentar», dijo a Clarín una fuente de la CGT.

El sindicalismo levantó la guardia cuando los rumores del desplazamiento del ministro de Salud, Ginés Gonzáles García, y su eventual reemplazo por el ministro de Salud de Provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán (más cercano a CFK) se intensificaron durante la semana pasada. El posible arribo de Korenfeld agravó la interna.

Haciendo aún más turbio el panorama, el actual titular de la Superintendencia de Salud, Eugenio Zanarini quedó severamente debilitado cuando autorizó un aumento en las prepagas que se publicó en el Boletín Oficial pero que fue derogado en menos de un día por orden presidencial, a su vez, sufrió un problema cardiovascular… su continuidad en el cargo pender de un hilo… por lo que la jugada política de Cristina Kirchner es perfecta.

González García junto a Zanarini

En relación a las obras sociales, los reclamos de la Confederación General del Trabajo ocupan actualmente un lugar de prioridad: todas se encuentran en una situación deficitaria.

El pasado viernes, diversas asociaciones médicas privadas mantuvieron una reunión con Daniel Gollán y Nicolás Kreplak para comunicarle al gobierno provincial el sumo estado crítico a los que se enfrentan. La reunión no sirvió de nada luego de que se diera marcha atrás con el aumento.

El quilombo político sigue, y promete duración: «En la CGT creen que el desembarco de Korenfeld en la Superintendencia apuntaría a pisarles los fondos de las obras sociales, una de las cajas más importantes de los sindicatos, que son los históricos financistas del PJ», confirmó una fuente a La Política Online.

A Korenfeld se oponen aquellos sindicalistas alejados de Cristina: Héctor Daer, José Luis Lingeri y Andrés Rodríguez. Ellos habrían encontrado en Alberto Fernández EL candidato próximo a sus ideas peronistas. Su hipótesis es que la vicepresidente busca frenar las obras sociales para castigar con desfinanciamiento al peronismo no K, debilitando de esta manera las bases albertistas.

«En la CGT se preguntan quien está escribiendo el proyecto de reforma del sistema de salud que analiza Cristina. Se menciona al viceministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak y al ex interventor del PAMI, Luciano di Cesare», argumentaron a citado portal.

«Es verdad que hay que hacerle modificaciones al sistema de obras sociales porque no todas son viables, pero hacerlo en medio de una pandemia es una locura, se requiera calma, coordinación y avanzar con prudencia. Ahora que las ambulancias no dan abasto no es momento», expresó un especialista consultado también por ese medio.

La grieta interna en el gobierno oficialista es indisimulable. Quizás el punto detallado en esta noticia sea el «inicio» de la guerra política entre Cristina y Alberto.

La situación la desempatarán aquellos sindicalistas que elijan su lado. También será de suma importancia la asignación de cajas presupuestarias y puestos de poder… por ahora, la situación solo promete caos, incertidumbre y lágrimas.