INFLACIÓN

Para el año que corre, el Banco Central está autorizado a duplicar la base monetaria (dinero circulante + reservas de bancos en el BCRA).

En abril, la suma había dado $310.000 millones en transferencias. En mayo, ya habían inyectado en la economía unos $600.000 millones. Durante junio $200.000 millones más. En julio se transfirieron unos $220.000 millones y ya se acumula un aproximado de $1,5 billones (el 85% de la base monetaria de diciembre de 2019).

Diversos economistas liberales (monetaristas y «ortodoxos», para los amigos) teorizan sobre las pésimas consecuencias de una emisión descontrolada. Los resultados de la práctica, característica de los populismos, derivan en hiperinflaciones. Además, al reflejar la disminución del poder adquisitivo de la moneda (pérdida del valor real), la inflación golpea especialmente a los sectores más pobres de la sociedad, los que menos ingresos reciben. En este sentido, la inflación es un impuesto que no está legislado, que lo cobra el gobierno y no lo coparticipa, es un impuesto que lo pagan los agentes que tienen ingresos fijos.

PAPEL FALSIFICADO, LOS BILLETES

En ese contexto de violenta impresión para «palear» el déficit fiscal, las impresoras parecen tirar «errores». Desde estar mal cortados, a prácticamente estar impresos por la mitad, literalmente, «a media tinta».

Varias fotos que muestran billetes mal impresos se hicieron virales en las redes sociales. Exponen así la «falta de control» del Estado cuando se imprime. Si salen a la calle, es porque la Casa de la Moneda no posee ningún tipo de fiscalización sobre su actividad.

Las fotos generaron asombro, risas aunque también indignación en Twitter.


Por Rafael

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