Apenas sin producción propia de prácticamente nada y con la petrolera estatal PDVSA en el punto de mira, las sanciones que Trump ya ha empezado a aplicar amenazan al último espejismo ideado por el chavismo: acabar con el desabastecimiento a través de la importación subvencionada de productos de primera necesidad.

Venezuela ha pasado de tener vacías las estanterías de los supermercados a llenarlas con productos extranjeros.

Un fenómeno que ha hecho proliferar la apertura de nuevos negocios: se llaman bodegones y en ellos se puede comprar desde productos básicos como papel higiénico, jabón o pañales, a comida gourmet. Eso sí, no hay ni un producto venezolano y el precio se paga caro y en dólares.

Un sistema que, de cara a la población, como nos cuenta desde Caracas el economista Aldo Contreras, «ha resuelto el problema de la escasez con un mercado totalmente abastecido. Sin embargo, no todo el mundo puede acceder a los precios». Según hemos comprobado, un paquete de arroz puede llegar a costar 30 dólares. Unas galletas, hasta 40.

Los «combos» de comida a domicilio

Estos negocios son, a su vez, la matriz de nuevos establecimientos online con sede en España, Colombia y EEUU. También venden en dólares y vía Web lotes de productos de aseo y alimentación con un sobrecoste de hasta 4 veces su precio. El coste para los consumidores de esas cajas va de los 85 a los 260 dólares cuando «más de 5 millones de venezolanos no llegan a cobrar 3 dólares al mes», apunta Aldo.

Según ha podido saber esRadio, sólo en Florida hay más de 200 empresas de este tipo…

Aldo Contreras

Compran en supermercados como Walmart y aprovechan la exoneración de tasas aduaneras que estará en vigor hasta junio de este año para introducir los productos en el país.

Según los informes de ventas a los que ha podido acceder esRadio, una de estas empresas, puede llegar a exportar hasta 4 millones y medio de toneladas de comida en un año facturando casi 5 millones de dólares con sólo 4 empleados.

«Gano en bolívares y tengo que pagar en dólares»

Varios residentes en Venezuela han ofrecido sus testimonios sobre la situación a esRadio, si bien todos han pedido mantenerse en el anonimato por miedo a represalias. Uno de ellos es Roberto, residente en Maracaibo, que apunta que «a río revuelto, ganancia los pescadores», y señala que «estos importadores están introduciendo el dólar en el país provocando que el bolívar ya no valga nada. Es la única forma de comer. ¿Yo gano en bolívares y tengo que pagar en dólares?«.

Pero, ¿quién hay detrás? Roselyn y Nhoa, de Caracas, apuntan a «las mafias que trabajan en connivencia con altos cargos del Gobierno chavista a través de testaferros».

El pasado sábado el propio Nicolás Maduro aseguraba que «la dolarización está permitiendo abrir nuevos negocios y poniendo en circulación los dólares que el Gobierno ya no puede aportar a través del petróleo».

Sin embargo, el sistema, según Contreras, «está a punto de explotar con las sanciones anunciadas por Trump para las próximas semanas» y que de hecho ya están en marcha.

Si hasta ahora se ha mantenido es porque «los precios en el mercado negro son aún más altos» y porque «la alternativa es aún peor».

«Así es el comunismo -sentencia Roselyn- te rompe las piernas y luego, te pone las muletas».

Las cajas CLAP

Las llamadas cajas CLAP son lotes de alimentos que reparte el chavismo por 4 millones de bolívares. Los venezolanos denuncian que «llegan antes a los ciudadanos abiertamente chavistas. Los que no, llevan hasta tres meses sin recibirla». Los lotes contienen 11 productos, en muchos casos caducados y que no satisfacen las necesidades básicas más allá de dos semanas.

El mal estado de esos alimentos se debe a que el Gobierno chavista, de nuevo por la falta de producción propia, se ve obligado a comprar los productos de las cajas CLAP en el extranjero a través de empresas que también han encontrado su propio negocio. Por un lado, reciben subvenciones del chavismo y por el otro «compran los artículos en mal estado más barato y después, los venden por cuatro veces su valor».

El novio de Delcy Rodríguez, implicado

La mayoría tienen sede en Colombia, Panamá o México. Precisamente en este último país, recientemente alabado por el político español perteneciente al PSOE José Luis Rodríguez Zapatero, en 2018 ya se desarticuló una red de corrupción que vendía productos caducados a precios fuera del mercado.

Uno de los implicados, según la investigación de la Fiscalía mexicana, es Yusef Abou Nasiff, pareja de vicepresidente de Venezuela Delcy Rodríguez y propietario de MASS JOY INDUSTRIES; una de las empresas que importan los alimentos de los CLAP. Nasiff estaba, además, en el avión en el que Delcy llegó a Barajas, según el informe policial al que tuvo acceso El Mundo.

*Fuente: Libertad Digital


Por Rafael Garduño

Jefe de Redacción

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