*Por: Rogelio López Guillemain

“El Estado yo soy”

Luis XIV

Hace unos días salió a la luz un asunto referido a la relación contractual entre Victoria Donda y su empleada doméstica, tema que desprende un tufillo para nada agradable. Diría Shakespeare: “Algo huele mal en Dinamarca”.

El abogado de la empleada asegura que Donda la tuvo “en negro” durante 10 años y que durante la pandemia no le pago los salarios en tiempo y forma.

Sumado a esto, se “filtraron” audios en los que la titular del INADI le ofrecía a su empleada un plan social (siempre y cuando renunciara a su trabajo en su casa) o aún peor, “un contrato en el INADI”.

Con respecto a esto último Donda expresó: “le propuse que entrara en el INADI, y lo volvería a hacer. Pero mi intención fue ayudar, y no pagar desde el Estado lo que me corresponde a mí como empleadora”. ¿Entendés?, ella cree que usar tus impuestos como se le canta el c….riterio, ¡está bien!

Además de creerse dueña de la repartición (y de tus impuestos), Vicky considera que su actitud era correcta pues “no estaba nombrando a alguien de mi familia en un alto cargo”. Para ella, la inmoralidad del acomodo en el estado no depende del hecho en sí sino del monto del sueldo. Digamos, para ella digitar “carguitos” no es algo malo…

“Lo que tiene que hacer un funcionario público es tratar de resolver los problemas a las personas que tiene alrededor” asegura Donda. O sea, según la titular del INADI (quien debe luchas contra la discriminación), un funcionario debe “discriminar y privilegiar” a quienes le son cercanos a él por sobre quienes no lo son. Repugnante.

Luego hizo unas declaraciones que son imperdibles: «en esta última etapa (su empleada) registró problemas físicos y le ofrecí una mejora laboral que no se concretó», «es una mujer en situación de vulnerabilidad; por eso, una jubilación tampoco le resolvería la situación”.

Si tomamos todos los dichos de esta “servidora pública” y le sumamos que le ha pagado apenas $5.000 por mes desde que comenzó a trabajar para ella hace casi 5 años, podemos concluir que esta delincuente pública es además una persona hipócrita y miserable, que camufla su perversidad con eufemismos típicos de la caterva de populistas políticamente correctos a la que pertenece, aquellos que pretenden imponerle una moral inmoral al resto de la sociedad. Además, al decir que una jubilación no la sacaría de la situación de vulnerabilidad, está confesando que las jubilaciones que ellos pagan y que prometieron aumentar (cosa que no cumplieron), son una miseria que sumerge en la pobreza a quienes trabajaron toda la vida.

Dice Donda que quería ayudarla porque estaba en situación de vulnerabilidad, digo: ¿y si en vez de ofrecerle un plan o un contrato en el INADI le subía el sueldo? Claro, el problema es que el sueldo se lo tenía que pagar ella de su bolsillo, es más lindo ser “solidaria” con la plata de los otros.

También afirma la funcionaria que “(Arminda) manifestó problemas físicos que le impedían seguir trabajando dando servicio en una casa particular, y (que tenía) problemas con un familiar internado”. A ver si entiendo: ¿no podía trabajar en su casa pero si en el INADI como maestranza? A eso le llamo ser inconsistente.

Para embarrar más la cosa, Alberto Fernández salió a defenderla: «fue alguien que quiso hacerle daño (a Donda). No está en su naturaleza sacarle ventaja a los puestos del Estado». «Viendo la vulnerabilidad de ella…, (Donda) le dice que, si no puede seguir trabajando, podía conseguirle un plan social o darle un contrato, que en el INADI es algo muy parecido a un plan social, como personal de maestranza, o darle un puesto y asignarla más cerca de su hermana”. A confesión de parte… este es el principio por el que tenemos 2 millones de ñoquis en el estado que viven de tus impuestos.

¿Se entiende este desquicio? Estos “personajes” se sienten dueños del estado, se sienten dueños de TU dinero y casi como si fuesen dioses del Olimpo deciden quien se lleva un carguito y quien no, no por mérito (recordemos que ellos están en contra de eso que es discriminador), sino por cercanía (lo cual es claramente discriminador).

Son tan inmorales y su falta de valores éticos son tan evidente, que están convencidos de su derecho a disponer de los bienes de la gente y de dirigir sus vidas según sus pareceres. ¿Estoy exagerando?, ¿en serio?, entonces decime: ¿Qué han hecho desde que asumieron si no es desconocer el estado de derecho y atropellar tu derecho humano a la libertad y a la propiedad con el pretexto de la pandemia?

Para terminar, no voy a analizar si el pagarle un sueldo de 5.000 pesos por mes (que parece ser era menor del que la ley establece) no se podría encuadrar en un hecho de discriminación a su empleada por ser mujer, pobre y boliviana. Prefiero analizar otras declaraciones de la Vicky referidas a este hecho: “cometí la imprudencia de confiar en alguien y dejarlo por mensaje”. Reconoce implícitamente lo impropio de su ofrecimiento, pero como toda persona inmoral, no se arrepiente de haberlo hecho, ¡se arrepiente de haber sido descubierta!

Otra contradicción se observa al repasar sus declaraciones de los últimos días. En un momento dice: “hace algunos meses, esa persona me manifestó su interés en renunciar a la relación que manteníamos, por razones personales”, mientras que al tiempo se contradice: «pero nunca me dijo que quería dejar de trabajar».

Finalmente, estos “dioses paganos de la democracia” sienten que “ellos son el sistema” (como Luis XIV cuando decía: “el estado yo soy”) y así lo expresa Donda al decir que: “la construcción de este tipo de noticias no le hacemos mucho bien a la democracia”. Vicky querida, la democracia no corre peligro porque salen en las noticias tus “trapitos sucios”, más bien al contrario, son tus trapitos sucios, impropios de un servidor público, los que atentan contra la democracia.

Son los hechos de corrupción impunes, los sueldos y las jubilaciones de privilegio escandalosas, los ataques a los derechos humanos de los ciudadanos por parte de un gobierno “pseudo-democrático”, los asesinados cometidos por las fuerzas de seguridad durante la cuarentena o el inhumano trato a un padre que no pudo darle el ultimo adiós a su hija los que destruyen la democracia, los que arrasan con la Argentina y junto a ella a todos nosotros.

No esperemos actos dignos ni éticos de parte de quienes desconocen el significado de estos términos. No esperemos nada bueno de quienes son siniestros. Es tiempo de que asumamos nuestra responsabilidad ciudadana y ocupemos los espacios públicos que estos sátrapas han colonizado. No más sumisión, no retrocedamos un pasó más. Hoy, aquí y ahora digamos ¡basta!


Por Rafael Garduño

Jefe de Redacción

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