Antes de observar el posible rumbo del Mercosur, se debe de hacer un análisis a sus principios fundadores y a su objetivo. El Mercado Común del Sur es una organización regional del espacio sudamericano constituida en virtud del Tratado de Asunción. El espacio que engloba el Mercosur constituye un mercado de más de 300 millones de personas. Esta cifra se aproxima a la población de Estados Unidos y no dista demasiado de los 500 millones de habitantes de la Unión Europea.

El Mercado Común tiene tres objetivos fundamentales: 1) libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países firmantes; 2) fijación de una tarifa externa común y adopción de una política comercial común con relación a terceros países o bloques regionales; 3) coordinación de comercio exterior a fin de asegurar condiciones adecuadas de competencia entre los estados parte. El Mercosur no es sólo un espacio que proporciona ampliación de comercio para sus países miembros, sino también, un instrumento fundamental de política exterior, cuyos progresos se evidencian en su capacidad de negociación con otros bloques regionales.

Uno de los grandes problemas que debe afrontar el Mercosur, es la incapacidad de definir una agenda externa común y la voluntad de ejecutarla. Más aun así, la política exterior que llevan adelante sus miembros ha ido cambiando según el gobierno de turno. Tal es el caso de Argentina, en donde su política exterior no está basada en principios fundamentales o consuetudinarios, sino que se rige por los vaivenes políticos que gobiernan al país en determinados momentos.

Durante la presidencia de Macri, el país se mostró a favor de la apertura comercial del Mercosur, intentando fomentar de esta manera el acuerdo Mercosur-Unión Europea. No obstante, desde la asunción de Alberto Fernanzez, Argentina enarbola las banderas del proteccionismo para el Mercosur, con medidas que no solo frenan importaciones, sino también exportaciones.

En el transcurso de estos últimos meses han surgido varias divergencias entre los miembros del Mercosur, en torno al Arancel Externo Común, que Brasil y también Uruguay, reclaman bajar de manera drástica. Por otra parte, la cancillería porteña afirma la necesidad de preservar sectores industriales que considera claves como automotores o textiles. Vale aclarar que Brasil y Uruguay reclaman rebajas de aranceles en el 100 por ciento de los productos, y Paraguay en un 90 por ciento de ellos.

Mientras Alberto destaca que lo necesario es cumplir con el tratado de Asunción y respetar el consenso a la hora de la toma de decisiones, sus pares en el Mercosur piensan algo muy distinto. En este sentido, Bolsonaro afirmó “No podemos dejar que el Mercosur sea sinónimo de ineficiencias, desperdicio de oportunidades y restricciones comerciales”. También, destacó la “imagen negativa” del bloque, y afirmó que “estamos en contra de persistir en visiones arcaicas y defensivas”.

De igual manera, Uruguay busca una apertura mayor, esto se ve en el comunicado que dio el canciller Francisco Bustillo. El mismo, explicó oficialmente que su país buscaría nuevos acuerdos comerciales con terceros países, y que la flexibilización y apertura del bloque es un hecho necesario.

Ante todas estas locuciones se debe remarcar que, el Mercosur no funciona por mayoría y requiere la unanimidad de todos sus miembros. Sumado a esto, la Resolución N° 32/00 del Mercosur, en su Artículo 1 afirma: “Reafirmar el compromiso de los Estados Partes del MERCOSUR de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias”.

Cómo consecuencia, el gobierno peronista, usa su poder de veto para evitar que los países vecinos y la región, gocen de los beneficios comerciales de una apertura comercial. Entonces, ¿Es posible una disolución o inoperancia del Mercosur? Para responder a esta pregunta se debe de visualizar los acontecimientos venideros, no obstante, es evidente la evolución que los miembros del Mercosur desean llevar, y sí Argentina intenta evitar ese progreso, lo único que logrará será que cada país trace su propia política exterior y comercial por separado.

-Especial para Data24.com.ar-


Lautaro Furundarena