Este factor geográfico hace del país una suerte de crisol de culturas de ambos hemisferios, conformando un interesante turismo cultural. En los últimos 15 años, el turismo se incrementó, principalmente por este factor.

Bakú, la capital, es un ejemplo de esto: “Con sus estructuras conglomeradas estilo soviético, reliquias medievales y conceptos ultramodernos que pueden ser apreciados desde el Casco Antiguo hasta el Boulevard de Bakú y más. Fuera de la capital, los talles de artesanías de montaña y las fábricas de alfombras tejidas brindan un encanto provincial a los objetos hechos a mano, mientras una relajante visita a un hamman o un baño de aceite único en Naftalán lo refrescarán y dejarán energizado. El turismo cultural en Azerbaiyán conecta museos clásicos con pueblos arcaicos, mezquitas medievales e iglesias del siglo V, robustas fortalezas y palacios los cuales una vez albergaron a la realeza. Azerbaiyán puede ser un país pequeño, pero el encanto único de cada región hace que la exploración cultural sea una experiencia rica y placentera“, se narra desde la plataforma Advantour.

De esta manera, podría considerarse a la capital como una ciudad casi futurística que combina tanto tradición como modernidad.

No solo el turismo cultural abunda en Azerbaiyán, el relacionado a la aventura y a la naturaleza también es una excelente opción para los viajeros que opten por más acción: Durante el verano podes realizar inmersiones en el Mar Caspio; mientras que en invierno pueden practicarse todos tipo de deporte relacionado con la nieve.

Además de lo turístico, el país representa bajos costos tanto en comida y alojamiento. Sacando de lado los lujos, pueden encontrarse abundantes comidas por poco más de dos euros, medio litro de cerveza roza los cincuenta céntimos y el viaje en trasporte público unos dieciocho, aproximadamente.