“No lo detuvieron. Menos que menos lo agredieron. Vamos a proceder a la inadmisión, señor, porque nosotros tenemos la soberanía para elegir quién ingresa y quién no a nuestro país”.

Esa fue la explicación que la supervisora del puesto de control de Migraciones de Colombia le dio a Juan Grabois en el Aeropuerto Internacional El Dorado, en Bogotá, que transformó en un curioso arresto porque no solo que no estuvo incomunicado sino que pudo hasta tuitear sobre su supuesta “detención y agresión”.

Desde Migraciones de Colombia confirmaron a Expediente Político que deportaron a Grabois: “Era una delegación de 20 personas. Dos tuvieron problemas con sus documentos de viaje. Al solicitarles que acompañaran a nuestros oficiales para realizar las verificaciones correspondientes, uno de ellos se negó y comenzó a insultar al oficial que adelantaba el proceso de control migratorio. Frente a esta situación, el extranjero que realizó el proceso de verificación pudo ingresar mientras que el otro fue inadmitido por negarse a la realización de dicho proceso”.

Técnicamente, Colombia no deportó a Grabois porque no llegó a ingresar al país por la inadmisión.

El dirigente quiso entrar a Colombia para realizar “una misión de observación y solidaridad con el pueblo colombiano” con la que pretendía relevar el territorio en busca de casos sobre “violaciones a los derechos humanos” de las fuerzas de seguridad a los miles de ciudadanos que se han movilizado por el gran paro nacional.

Pero, aunque Migraciones no lo diga, en Colombia lo esperaban a Grabois con los brazos abiertos pero para bloquearle el paso: ya sabían de su andar a finales de 2019 en Bolivia en medio de la salida anticipada del expresidente Evo Morales y la discutida asunción de Jeanine Áñez con demora incluida en el aeropuerto de Viru Viru.

Los miembros de la Misión Internacional Colombia confirmaron la inadmisión de Grabois: “Niegan el ingreso a Colombia de Juan Grabois y demoran a Isamel Jalil por asumir su defensa”. Jalil es uno de los principales abogados de la Correpi que denuncia año a año los casos de gatillo fácil a lo largo y ancho de la Argentina.

Grabois, una vez más, llevó la bandera argentina a lo más alto del escándalo en el plano internacional.

*Fuente: Expediente Político