*Por: Augusto Grinner (Es De Peroncho)


Comienza un nuevo primero de mayo, esta vez con muchos trabajadores que no están trabajando; no por el feriado, sino por la prohibición del Ejecutivo a hacerlo. El «primer trabajador» estaría orgulloso; él ha sabido clausurar fábricas y comercios, para luego regalar sus productos a sus simpatizantes, pero ese es tema para otro día.

Quien haya trabado una controversia con un peronista (o con un anti-peronista, si el lector es la parte que reivindica al tirano), probablemente se haya encontrado con esta situación, todo reclamo o crítica contra el peronismo es inmediatamente invalidada por la peroncha carta del aguinaldo: «si no te gusta el peronismo, no cobres aguinaldo» frase que ha sabido traer dolores de cabeza a quienes se agarran la frente acallando una violenta reacción.

¿Y es esa carta realmente tan poderosa? ¿Es esa carta la criptonita del gorila? ¿O sería acaso objeto de una nueva discusión?

¿Y las vacaciones pagas? ¿Es otro as que sacan de la haraposa manga quienes pretenden defender a capa y faca aquel modelo desencadenante de la guerra civil que sufrió nuestro hermoso país en los ’70? Los que tenemos un lomo plateado, ¿no podemos ser empleados en relación de dependencia y, a la vez, tomarnos unas vacaciones sin percibir descuentos salariales por eso?

Podríamos detenernos a analizar en profundidad si los empleadores están regalándole algo a sus empleados, pero nuevamente no quisiera desviarme del tema principal. Y para responder a las interrogantes anteriores, deberíamos… simplemente saber un poco de historia. La historia real. No la historia que el relato siempre quiso que memoricemos.

AGUINALDO

Inicialmente deberíamos preguntarnos si el salario anual complementario, mejor conocido como «aguinaldo», es un invento de Perón. Debo desilusionar a más de un peronista al comentarle que se trata de una tradición que tiene su origen en la época de la República Romana.

Según se sabe, esta tradición habría comenzado en Argentina en el siglo XIX de mano de los sectores privados, a modo de premio, cada fin de año. Además, se habría extendido en lo que hoy es la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en 1910, durante la intendencia de Manuel Güiraldes, como un salario extra para empleados públicos.

En 1924, en Jujuy, la legislatura provincial aprobó un proyecto presentado por la UCR, que consistía en un aguinaldo para los empleados públicos esta provincia septentrional. Se trató de la ley provincial 619.

Hacia 1935, en Alemania, el aguinaldo sería implementado por aquel señor que el General supiera admirar. Para no quedar atrás, lo propio habría sucedido en 1944 en la España de aquel amigo de Perón, que luego le daría asilo durante casi dos décadas. Curiosas coincidencias.

Sería en 1945, con Juan Domingo como vice-presidente durante la dictadura de Farrell, que el sindicato de comercio tomó estas antiguas ideas y comenzó a presionar para extenderlas a nivel nacional. Y así, con este reclamo en marcha, el ministerio de trabajo y previsión habría tomado cartas en el asunto.

Y fue algunos meses después, retirándose Perón de su cargo como vice-presidente de facto, que en su memorable discurso del 17 de Octubre, el entonces Coronel afirmó a la multitud que un decreto «para los trabajadores» llevaba su firma.

Y vaya sorpresa se habrán llevado algunos cuando, dos meses después, en diciembre de ese año, se publicara el decreto 33.302/45 cuya firma resultara ser la del entonces presidente de facto, Edelmiro J. Farrell. ¿Pero no lo había decretado Perón?, ¿no llevaba su firma? Un mito cuya falsedad es fácil de comprobar.

Poco después, en 1946, ya durante el gobierno democrático (es un decir), el Congreso de la Nación (y no Perón) aprueba la ley 12.921, que convertía en ley muchos de los decretos implementados durante el ilegítimo gobierno saliente, práctica habitual que ratifica la legislación creada durante las dictaduras que nuestro país ha sufrido. Entre ellos, se encontraba el decreto del aguinaldo.

Por lo que podríamos resumir lo siguiente: no se le ocurrió a Perón, no lo implementó él por primera vez, no se le ocurrió a él extenderlo a todo el país, no lo decreto él, ni tampoco él lo convirtió en ley.

VACACIONES PAGAS

Sabiendo cómo se desencadenó verdaderamente toda esta cuestión del aguinaldo, ya estamos en condiciones de pasar al segundo y último tema de este artículo: las vacaciones pagas.

Nuevamente podríamos detenernos y preguntarnos si a los empleadores les gusta regalar dinero, o si es que pactan salarios teniendo en consideración que también deben pagarlo durante el período de vacaciones. Pero no estamos aquí para esas burguesas reflexiones.

Sabemos que el primer antecedente de pago de vacaciones sucedió en 1933, a través de la ley 11.729, en su artículo 156. Se trataba del código de comercio, serían los empleados de este sector los primeros en gozar de este beneficio.

Con el correr de los años, esta idea comenzaría a ser aplicada en otros rubros. Sería así como, por ejemplo, hacia 1935, se aplicaría en el sector industrial por decisión de la Cámara de la Justicia de Paz Letrada.

De hecho, el 4 de junio de 1936, en Ginebra se reúne la Organización Internacional del Trabajo, y allí solicitan a los países miembros que aplicaran un descanso anual remunerado. Claro, Argentina ya formaba parte de esta organización desde 1932, por lo que cada vez más gremios se fueron plegando hacia esta disposición.

Fue en 1945, durante la ya mencionada dictadura de Farrell, que los distintos sindicatos comenzaron a presionar (también) con la solicitud de lograr una legislación que determine que todos los empleadores deberían adoptar esta solicitud de la OIT. Así, a través del decreto 1.740/45, se toman estos reclamos en consideración y, si bien se admite la imposición de esta práctica de vacaciones remuneradas a través de convenios colectivos, y la extensión de este tipo de práctica en distintos ámbitos extranjeros, expresan claramente la necesidad de uniformar todo bajo una misma legislación. De uniformar una práctica que ya se realizaba.

Así fue como Farrell decretó esta legislación. Sí, Farrell… no Perón. De hecho, antes del artículo 1, el documento expresa «El Presidente de la Nación Argentina decreta (…)».

Y si tuviéramos que basarnos en la absurda lógica peronista, considerando que la Ley Saenz Peña (voto universal) fue impulsada por el radicalismo e implementada por el liberalismo-conservadurismo: «si no sos radical o conservador, no votes».

En conclusión: mitos peronistas, ahora desmitificados.

¡Feliz día del trabajador!

– Especial para Data24.com.ar –